El cine que estabas esperando

Archive for January, 2009

[PREESTRENO] El juego del ahorcado: Y Clara Lago se desnudó en una película horrenda


“Tengo dieciocho años. Soy mayor de edad. Puedo hacer lo que quiera. No tengo que dar explicaciones a nadie de lo que quiero.

Quiero a tu hija”. Esta frase, pronunciada en una buena película, por un buen actor en una situación límite y entre lágrimas, quizá lograra el beneplácito de una pequeña parte del público. El problema es que la encontramos en El juego del ahorcado, pronunciada por el peor actor novel español de los últimos años en mitad de una cena familiar ante el estupor de los padres, la hija en cuestión y la platea, que se pregunta qué demonios hace viendo una película así y cómo han llegado a ese punto exactamente. Pero ojalá esta fuera la peor parte de El juego del ahorcado. https://www.acheterviagrafr24.com/vente-viagra/ Ojalá. Se trata de una película que no quiere –ni sabe- contar nada, que tiene varias tramas tan diluídas que hemos olvidado cuál es la principal, con unos actores que parecen sacados de la academia de teatro más chusquera del estado. Vamos, que pasará a la historia como “la cosa esa en la que Clara Lago se despelotaba por primera vez”. Porque sí, despelotes los hay a go-go. Y el primero incluso tiene sentido dramático. Los otros treinta son carne de pajilleros. ¡Diablos, si es que parece que han engañado a la muchacha para pasarse media película en pelota picada! Pero en fin, luego ahondaremos en el tema. De momento, solo puedo daros la bienvenida a una película española en la peor tradición de las películas españolas (esas que dan la razón a los retrógradas que dicen “El cine español es una mierda y solo salen tetas sin necesidad de argumento”), con la misma emoción que leer un prospecto de champú, pero, definitivamente, con una trama bastante peor. Bienvenidos al cine del mañana. Bienvenidos a El juego del ahorcado.

Sandra y David se conocen desde pequeñitos, y han sido amigos toda la vida. Estamos en 1990 (por eso las noticias las presenta una Francine Gálvez pobremente doblada por ella misma), y los muchachos están ya en la edad del pavo. Ella es una estudiosa y responsable muchacha y él un motero macarra con gafas de sol (que va por la carretera con Born to be wild sonando de fondo, lo que, probablemente, hizo gastar tanto presupuesto del filme que se olvidaron de hacer una buena adaptación de la novela). Pero, aunque parezca imposible, no se han liado aun (más que nada porque en la vida real estarían a mil metros de distancia como mínimo). En estas que Sandra va por la calle y un tipo la secuestra y la viola. Ella, en venganza, le mata. ¡Oh, qué emoción! ¡Qué trauma tendrá a partir de ahora! …¿Verdad?… Pues no, oigan. Le dice a David que ha sido violada y ha matado a un hombre, él va a la fábrica a rematarle y, después, sin preocuparse porque un tipo le haya desvirgado, se tira a David como si nada. Y de la violación y sus traumas nunca más se supo. David y ella empiezan una relación que, sin demasiado motivo, termina tornándose obsesión. ¿Queréis que os cuente el final? Uy, no, con lo emocionante que es. ¿Terminará recordando Sandra sus traumas, o, al menos, tendrá alguno? ¿Encontrarán el cadáver del violador? ¿Había alguna manera menos vergonzosa de hacer que Clara Lago enseñara el pecho? Habrá que ver la película para ello. O no.

¿Qué? ¿Que si Clara Lago enseña las tetas en la película? ¿Cómo lo has adivinado?

No sé por dónde empezar a contar los problemas de El juego del ahorcado, ya que son numerosos y peligrosamente aberrantes. En primer lugar, supongo que deberíamos hablar de las tramas, y es que hay un grave problema en un filme cuando hay cuatro tramas abiertas y ninguna de ellas llega a interesar nunca al espectador. La primera, la historia de la violación. Vale, reconozco que el momento en que Clara Lago es violada es impactante. Mal rodado, con una actuación pésima por parte de la actriz, pero impactante. A partir de ahí, la trama cae en el ridículo más absoluto, y es que nadie puede comprender por qué Sandra ni sufre, ni padece (vale, el día tras la violación no va al colegio y llora en su cama. Ah, sí, y se pierde un par de clases sobre sexo en su instituto. Guau, qué trauma. Ponme cuatro de esos si algún día me violan) y, sobre todo, por qué cree a David a pies juntillas. “Si encuentran el cadáver, irás a la cárcel” es el argumento para no ir a la policía y dura durante toda la puñetera película. ¿A nadie se le ocurre decir “No hay ninguna prueba que me incrimine” o “Era en defensa propia”? ¿En serio? ¿No es tan lista Sandra? Manda cojones. La segunda, la relación entre Sandra y David, tan interesante como la del Jony y la Yeni de tu barrio. Esa que os conmovió a todos tanto cuando ella se quedó preñada con quince añitos. Básicamente, después de ser violada, Sandra siente de pronto una atracción irrefrenable hacia su compañero de la infancia y no solo le besa, no. El mismo día se lo tira varias veces y, a partir de ese momento, tienen sexo sin parar. ¿Para qué vamos a dejar que el espectador lo de por hecho si podemos mostrar cientos de planos de la parejita copulando a cámara lenta? ¡Ni que la gente ya supiera lo que es el sexo! De pronto, cuando al guionista le conviene, David se vuelve un celoso y Sandra quiere estar lejos de él (¡No busquéis un motivo! ¡No lo hay!), deja de tener ganas de sexo y él decide que la mejor idea de recuperarla es amenazándola con un cuchillo en plena cena familiar. Ahí, chico. Se nota que sabes de amor. Voy a despertar a mi novia con una guadaña, a ver si me da sexo matutino.

La tercera trama cae en el ridículo más absoluto –sí, más aun- y tiene que ver con un personaje que se introduce en la película en la primera media hora, no hace absolutamente nada más que rellenar hueco (no es ni confidente de Sandra, ni dice nada relevante) y sale cuando ya nadie le necesita: Olga, la amiga lesbiana de Sandra, cuyo mayor rasgo de personalidad es… er… ser lesbiana, y que está en la película para mostrar lo superliberal que es Sandra. Jo, tía, estamos en 1990 y aceptas a las lesbianas. Eres la leche, tía. Uau. Cuando la película empieza a alargarse más que un chicle de céntimo, David dice “Olga está saliendo con una chica” y se olvidan de ella para siempre. Ni que fuera la mejor amiga de Sandra, oye. La cuarta trama es la de una profesora de inglés que da clases particulares a Sandra y, de pronto, cuando a la película le conviene, se transforma en su mentora y protectora. En cuanto lo hace y le ayuda a superar sus problemas con David, sale de la película y a nadie le importa. Impresionante, ¿eh? El juego del ahorcado sí que sabe como tratar al espectador como un ser inteligente. Cuando una trama deja de servir como excusa argumental, nos la quitamos de encima sin dar más explicaciones. Venga, por qué no.

Rebelde sin causa II: Sin camiseta es más rebelde

Los personajes de El juego del ahorcado son, simplemente, los personajes peor construidos que podamos ver en una sala de cine hoy por hoy. Quiero decir, no puedes crear a un personaje con buen corazón y sensibilidad y media hora después hacer que tenga sexo no consentido con su novia en la fábrica donde la violaron un par de meses antes (lo juro, aun quiero encontrar a alguien que me explique el por qué de esta escena: Los dos llegan a la fábrica, ella está en estado de shock y él decide que la mejor idea para que supere sus –pocos, muy pocos- miedos de una vez por todas es volver a violarla. Tú sí que sabes, David). Vamos, sensibilidad la justa, ¿eh? Por no hablar de que la pareja es absolutamente inestable. ¿Un motero macarra y una estudiante inteligentísima? Quizá en una comedia de enredo en plan Ni contigo ni sin ti, pero en una película supuestamente dramática queda irreal, patético y con un interés paupérrimo. El personaje de Clara Lago sí está mejor construido, pero no puede ser que un personaje fuerte sea violado y le importe lo mismo que haber comprado un kilo de patatas esa misma tarde y le hayan dado mal el cambio. Por no hablar de que sus decisiones terminan siendo absurdas (¡el final en Irlanda, por dios!), aunque esto sea un continuo fluir a lo largo del filme. Sandra está empezando a ser violada por su novio y amigo de toda la vida cuando entra su amable y cariñoso padre preguntando si está sola. Ella dice que sí y, minutos después, les pilla dándose besitos. El padre, amable y simpaticote, pega un bofetón a su hija y amenaza de muerte al novio. A eso se le llama “coherencia”, señores. Y lo mismo ocurre con todos los personajes del filme, que cambian de personalidad según lo necesite la historia (llámalo historia, llámalo cosa).

A decir verdad, no se puede decir que Clara Lago realice un buen papel. Sería mentir vilmente. Su actuación es normalucha, sus expresiones parecen sacadas del best-seller Cómo imitar a una piedra y no morir en el intento y ni siquiera se preocupa en entender al personaje (ni falta). Con todo, sin duda es la mejor actuación del filme, y es que jamás antes había visto una película en que la sala al completo se riera tan abiertamente de la actuación de uno de los protagonistas. Alvaro Cervantes eclipsa totalmente a Lago, mostrándonos una actuación plana, vacía, consistente en poner morritos de macarra, besar sin ganas y hacer como que tiene un orgasmo cuando le toca. Tan vergonzante que uno no termina de entender qué demonios hace su nombre entre los nominados al Goya a mejor actor revelación (en general uno no entiende nada de los Goya, pero en este caso aun menos). Los actores adultos más o menos cumplen (con excepción de los profesores, que parecen estar leyendo lo que dicen por primera vez de un letrero cercano), pero en general todos los actores adolescentes parecen sacados de un programa de integración para discapacitados mentales. Y no se salva ni uno: Ni Olga (mención especial a la discoteca, donde se nos muestran algunos de sus peores momentos), ni David (sus frases, del estilo a “No le rayes, tronca, que a ella no le molan las pivas” no ayudan demasiado), ni Sandra. Sus actuaciones se nos olvidarán tan pronto como salgamos de la puerta del cine. La próxima vez que las veamos será porque nos están proyectando el filme en el infierno para pagar por nuestros pecados.

Así éramos en los 90. O al menos teníamos las mismas gafas de sol ridículas.

Y quizá la incoherencia de las tramas, las actuaciones chusqueras, los personajes desfigurados y la dirección insegura de Manuel Gómez Pereira (que hace doce años triunfaba con comedietas de chorizo y pandereta como Todos los hombres sois iguales y ahora intenta seguir con el mismo estilo pero adaptado al siglo XXI, como intentó hacer en la terrible Reinas) no fueran tan importantes si no contaran con tan descarado número de desnudos gratuitos. Vamos, que si en vez de “Suspense”, “Drama” o como quieran vender la película pusieran “Erótica”, no me sorprendería lo más mínimo. Y es que Clara Lago, la niña de El viaje de Carol, parece haber decidido que la ropa pica y molesta y está mejor sin ella, que para algo tiene 18 años recién cumplidos. Sinceramente, para esto, mejor se había ido al Interviú. Su primer desnudo es coherente: Delante de un espejo, explorándose a sí misma tras la violación. Oh, todos lo aplaudimos. Bravo, que sutil manera de introducirnos un par de tetas en la historia. La segunda vez nos las encontramos en pleno polvo con el colega David. Las otras doscientas cuarenta, ni lo sabemos muy bien, ni nos importa. La cosa es que Lago parece estar más cómoda desnuda que vestida. Lo raro es que no haga las escenas de colegio en pelota picada ni vaya por las calles de Gerona sin sujetador. Al final de la película, cuando le vemos el pecho por infinitésima vez, tampoco me hubiera extrañado demasiado. Y, entre ustedes y yo: Tampoco es que sea bonito precisamente. Y, ya de paso, él se podía haber depilado un poco las piernas y el culete, que hacía tiempo que no veía un desnudo masculino tan feo en pantalla grande (desde Batalla en el cielo, probablemente).

El juego del ahorcado (que, por cierto, hace referencia a un jueguillo de “adivina la palabra” al que David y Sandra juegan y del que ni explican las reglas, ni falta que hace) comienza con David, de niño, pegándose el golpe de su vida al estampar su bici contra una pared de ladrillos. Ni queriéndolo habría encontrado una mejor metáfora para definir el filme: Una bicicleta que se cae cuesta abajo sin frenos y contra una pared de ladrillos. Y nosotros, los sufridos espectadores, somos los que vamos a recibir el golpe. A mi aun me duele.

Estrellitas: *
Lo mejor: Que gracias al pase de prensa pude ahorrarme el dinero de la entrada. Eh, ni tan mal.
Lo peor: Que este año filmes como Dragon ball Evolution y Street Fighter luchan por quitarle el puesto de peor película del año. Y miren que he visto La semilla del mal
Para: Masoquistas, pajilleros y gente de mal vivir en general.

¡Mañana sí que sí, charlamos sobre los Oscar!


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Revolutionary road: Y Mendes obró el milagro


Es imposible hablar de Revolutionary road sin nombrar Titanic. No es un cliché exclusivo de los críticos y analistas cinematográficos, es que la película se ha construido, publicitariamente, con el fin de que la gente se pare delante del cine y diga “Espera, tú. ¿Esos dos no son los de Titanic? ¿Y vuelven a salir juntos? Entonces esta película debe ser tan buena como aquella”. Vamos, que al cartel le falta un “Años después de que su barco se hundiera… Revolutionary road”. Hay quien ha querido buscarle similitudes hasta en la sopa –con razón, porque las tiene, y a miles-, pero, simplemente, el filme que hoy tratamos, aunque cuenta con grandes dosis de carisma, no logra irradiarlo al mismo volumen que la película de Cameron (que sí, que no era para tanto, fallaba en el guión y lo que queráis, pero destilaba magia). Por hacer un símil con otra película que nos vendieron como “De la pareja que os deslumbró en…”, Revolutionary road es a Titanic lo que Novia a la fuga a Pretty woman. Salvando las distancias, vaya. Aun espero que alguien me diga una escena de Novia a la fuga, de la misma manera que dentro de dos años llegaría a dar grandes sumas de dinero si alguien recordara una sola escena de Revolutionary road. Ojo, no miréis esta crítica como algo necesariamente negativo: El filme de Sam Mendes es bueno, pero huele a hamburguesa y patatas deluxe a veinte calles de distancia. Me explico.

Revolutionary road es algo que hemos visto muchas veces ya, y no solo en el cine: La televisión, el teatro, las novelas y los cómics han explorado ya todo lo explorable en torno a las crisis de pareja. Por si no tuviéramos suficiente con las de la vida real, vaya. Y, para qué negarlo, esta película no nos ofrece nada nuevo: Las situaciones son conocidas por todos, los actores pegan los gritos que se supone que tiene que pegar toda pareja a punto de destruirse y el guión parece sacado de la Unidad Creadora 436 en vez de la mano del cuasi desconocido Justin Haythe (escritor de La sombra de un secuestro). Aun con todo, si nos sentamos a ver el filme sin demasiado espíritu crítico, las dos horas se pasan en nada, y es gracias a la portentosa dirección de Mendes (que, tras la terrible Jarhead, vuelve al camino que marcó en las portentosas American beauty y Camino a la perdición, a la que se sumará, probablemente, Predicador en 2011) y a la actuación de una pareja desigual: Leonardo Di Caprio y Kate Winslet. Pero antes de desguazar sus interpretaciones, hablemos un momento del argumento.

Que la película sea un dramón no implica que DiCaprio no pueda enseñarnos que va al gimnasio por las mañanas.

Seguramente, tras leer el siguiente párrafo, la cara de todos vosotros será de un “Ya, ¿y qué? ¿En qué se diferencia de cualquier telefilme de Antena 3?”. Luego ahondo en ello. De momento, hay que contar que los Wheeler son una pareja en crisis con dos niños. Discuten continuamente, él trabaja en algo que odia y ella no logra encontrar una salida a su espíritu libre. Estamos a mediados de los años 50 y los divorcios no estaban, digamos, bien vistos. Un buen día, después de que él haya practicado adulterio, ella le revela la idea para salvar su matrimonio… y sus grises vidas: Marcharse a París y empezar de cero. Lo que en un principio parece una locura pronto se convierte en realidad y empiezan los preparativos, las clases de francés y las despedidas. Pero, claro, esto no sería un drama si el viaje no se torciera. Una crisis aun más gorda que la anterior llevará al matrimonio a unas discusiones en las que les falta aullar, con las venas marcadas en el cuello, “¡Miembros de la Academia de Hollywood! ¡Mirad como grito! ¿Merezco un Oscar o qué?”. No les culpo.

Y es que Leonardo DiCaprio se revela, una vez más, como uno de los mejores actores del Hollywood actual (quien siga juzgándole por El hombre de la máscara de hierro o La playa es, simplemente, un ciego de mente cerrada, por no decir cosas peores), con una versatilidad inusitada. Tan pronto es un agente infiltrado en, precisamente, Infiltrados, como Howard Hughes en El aviador o un timador profesional en Atrápame si puedes. Y, igual que no tuvimos ninguna queja sobre él en aquellas, aquí sus detractores se quedarán sin argumentos. DiCaprio realiza un papel soberbio, fabuloso, una de las mejores interpretaciones de los últimos tiempos (o, al menos, nominable. ¡Eh, Academia! ¿En qué demonios estabais pensando?). Este chico va a ser una leyenda de Hollywood, y si no, al tiempo. Imprescindible ver la gran secuencia de pelea en versión original. Escalofriante. Por su parte, Kate Winslet sigue haciendo de Kate Winslet, que es el papel que mejor se le da. Esto es: Confunde la actuación con el histerismo y el pucherismo, y, por llorar, una actuación no es mejor. Que quede claro de una vez por todas. Con todo, Winslet se muestra aquí más desatada y loca que nunca, realizando un papel a ratos estupendo (la huida al bosque) y a ratos corrosivamente fatal (atentos a la conversación del inicio). El plantel de secundarios, comenzando por una Kathy Bates que cumple sin más y terminando por un Michael Shannon interpretando al mejor personaje de la película (un loco, paradojicamente el menos loco de todos los personajes del filme), es más que correcto y un acierto generalizado.

Muy atentos a esta cara, amigos: Es el futuro. Y si no, al tiempo.

¿En qué se diferencia este filme de rupturas, nuevos comienzos y broncas parejiles de un telefilme cualquiera? La respuesta es sencilla, pero obvia: En el estilo. Mendes tiene carrera suficiente por detrás como para saber qué secuencias alargar, cuáles acortar, qué contar y qué dejar que el espectador averigüe por su cuenta. Así, después de un inicio tibio y de un excesivo alargamiento de la parte feliz (¡Hemos venido a sufrir! ¡A sufrir? ¿Es eso que veo en la cara de Kate Winslet una sonrisa? ¡Argh!), empieza el festival de Sam Mendes, que sabe dónde colocar la cámara y cuánto deben durar los planos para conseguir el efecto que desea. A este respecto, no puedo dejar de recomendar las secuencias del gran enfado y el desayuno posterior. De lo mejor que hemos podido ver en el cine en los últimos meses, y no exagero lo más mínimo. Mendes logra que una película que podría haber caído en el pastelosismo excesivo, la llorera fácil y la dirección robótica se convierta en un filme con alma, con interés y personalidad propia. No, no es una película sobresaliente, pero sí cuenta con una dirección merecedora de la calificación.

Revolutionary road es la antagonía perfecta de Titanic, punto por punto. Algunos han dicho que es lo que hubiera pasado si Jack y Rose hubieran sobrevivido y comenzado su vida juntos, pero no lo veo así. Los Wheeler no son una pareja de cuento: Son dos personas que comenzaron su relación casi por equivocación y que aun creen en una milagrosa salvación a pesar de que todos sepamos que la cosa va a acabar mal. Muy mal. Este es un drama que tiene dónde rascar, cuya superficie es un simple velo que apartar para poder ver una feroz radiografía de la sociedad de los años 50 (el matrimonio de Kathy Bates, el loco, los compañeros de trabajo de DiCaprio, la tonta secretaria), un análisis crítico de las relaciones de pareja (algunas palabras del personaje de DiCaprio aterran al saber que todos las hemos pronunciado en una u otra ocasión) y un filme, en definitiva, que ofrece mucho más que el melodrama al uso. Recomendable oferta, sí señor.

Estrellitas: *** 1/2
Lo mejor: Leonardo DiCaprio y Sam Mendes, demostrando, cada uno en lo suyo, por qué deberían ser referentes.
Lo peor: Kate Winslet, menos contenida que Jim Carrey en sus inicios, y una historia que apesta a rancia y precocinada.
Para: Todos aquellos que, sin prejuicios, quieran disfrutar de un buen filme. Para los amantes de la narración clásica. No apto para enamorados.

¡Mañana, empezamos a analizar las nominaciones a los Oscar!


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Rueda de prensa de Will Smith en Madrid: ¡El reportaje!


El miércoles pasado Will Smith vino a Madrid, se pasó por El hormiguero y nos dio una rueda de prensa a unos cuantos periodistas que pasábamos por allí. Con ustedes, las hilarantes respuestas de uno de los actores más accesibles del cine actual: Will Smith.

Lástima que Siete almas fuera la mierda que es.


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Roland Emmerich matará a Asimov y otras vacuas noticias


Las

noticias se suceden en Hollywood a un ritmo impactante. Si las noticias fueran interesantes, además, supongo que podríamos hacer fiesta nacional. Y es que, o son meras actualizaciones de las noticias de días anteriores, o son tan interesantes como la televisión hecha en España. Bueno, tampoco quiero pasarme. Pobres noticias.

Para abrir boca, empezamos volviendo a hablar de Scott Pilgrim vs the world, la película de la que no me cansaré de hablar hasta el momento en que se estrene y me decepcione brutalmente. A Kieran Culkin haciendo de compañero de piso de Scott, hoy se le ha añadido Chris Evans como Lucas Lee, uno de los ex novios malignos de Ramona. Y, las cosas, como son. Es un acierto de casting fabuloso para todo aquel que conozca al personaje. ¿Que quién es Chris Evans? Quizá os suene como la Antorcha Humana de las horrendas películas de Los cuatro fantásticos o como secundario en Sunshine. Knives Chau, la ex-novia menor de edad oriental de Scott (¿os he dicho ya que os leais el cómic original? ¿Es que tengo que amenazaros?) será oficialmente interpretada por Ellen Wong. No, tranquilos. Yo tampoco tengo ni idea de quien es, pero con el cariño con que está tratando Edward Wright el casting no dudo que será una elección ideal.

Y pasamos de hablar de películas que tienen buena pinta a, en fin, lo nuevo de Roland Emmerich, el tipo que perpetró la peor película del año pasado: 10.000 (el mismo número de horas que me pareció estar perdiendo mientras veía este bodrio en el cine). No contento con haber fastidiado Godzilla más que cualquier pseudoproducto japonés (¡Mechagodzilla vs Mechagamera!) y habernos hecho sangrar por los ojos con El día de mañana o El patriota, ahora Emmerich se va a dedicar a destrozar a Isaac Asimov. Y es que su próxima película será una adaptación de Fundación, ocho historias cortas que forman una complicada y densa saga que, a priori, solo podría ser llevada al cine por un director talentoso. Y le ha tocado a Roland Emmerich. ¡Rápido! ¡Si nos congelamos y nos despiertan dentro de cien años es posible que no tengamos que sufrirla! A mi me parece buena idea…

En este momento, Samuel L. Jackson no solo me parece el mejor Nick Furia, sino el mejor actor del mundo en comparación.

Igual que me pareció la mejor idea del universo que Nick Furia, director de SHIELD, fuera interpretado por Samuel L. Jackson al final de Iron man, especialmente después de su aparición en el universo Ultimate (un personaje clarísimamente inspirado en el actor). Pero claro, no solo a mi me pareció una buena idea: Todo el mundo estaba entusiasmado con la aparición de Jackson, tanto que al propio actor parece habérsele subido a la cabeza hasta el punto de negarse a participar en las próximas entregas de Marvel o, incluso, en Los vengadores. Como excusa, la de siempre en estos tiempos: No, tío, la crisis, que hace que Marvel Studios no vaya a poder pagarme (¿a pesar de que ha sido la segunda productora que más beneficios ha tenido el año pasado? Jackson, que estás jugando con fuego, colega). Vamos, que esperemos que le den un par de miles de euros más, se le ablande el corazón y se olvide de la crisis. Lo que daríamos algunos por parecernos a Nick Furia, rediós, y otros desperdiciándolo así.

Y, para terminar, simplemente se puede comentar que McG ha decidido conseguir como sea a Will Smith para hacer de capitán Nemo en su versión de 20.000 leguas de viaje submarino. Tampoco tiene mucho de especial, todos querríamos a Will Smith en todas las películas si pudiera ser. Por cierto, mañana o pasado le tendremos por aquí, en un reportaje especial grabado en su visita en Madrid. Para que se me quejen, oigan.


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Will Smith sin alma: ¡¡Estrenos de la semana!!


¿Qué tienen en común un tipo arreglando vidas, una clase llena de gentuza y la peor película del año? Sí, vale, que ver a un tipo intentando arreglar vidas en una clase llena de gentuza parece sacado de la peor película del año, ¡¡pero también que forman parte de los estrenos de esta semana!! ¡¡Los habrán visto en más sitios, pero seguro que no se lamentan tanto de la muerte del gran Patrick McGoohan!! Tenía que decirlo y cortar el rollo, vaya por dios.

SIETE ALMAS

Will Smith intenta salvar la vida de siete buenas personas, pero se enamora de una de ellas. La película se convierte en un coñazo incomprensible y al final hay un giro argumental no apto para cínicos. A la crítica del otro día, en la que hacía hincapié en la horrible actuación de Rosario Dawson, la nula química con Smith, una música repetitiva y agobiante, un guión absurdo y una dirección aberrante solo se puede añadir que, a modo de recomendación, llevéis un bloc de notas a la sala de cine. Es la única manera de que os enteréis cuáles son esas siete personas. Y es que, por más vueltas que le doy al asunto, me salen cuatro y gracias. La mejor recomendación que os puedo dar, una vez más, es perdérosla… a no ser que estéis dispuestos a ser manipulados, a ver una historia que no va a ningún lado y a un Will Smith haciendo de personaje serio que no pega absolutamente nada con su personalidad. No, no vemos a un tipo haciendo el bien. Vemos a Will Smith intentando hacer de un tipo bueno. Lo pasaréis mejor viendo Men in black por quinta vez. En serio.

“¡No importa, Randy! ¡Me sigues cayendo bien! ¡Yeah! ¡Buen rollo!”

LA CLASE

La gran sorpresa de la temporada, por lo que van diciendo por ahí. Un filme francés medio documental medio ficcionado, que se acerca más a cualquier aula de un colegio español actual que al Mentes peligrosas de turno. Hablar del argumento sería absurdo: Un profesor bienintencionado entra a una clase llena de alumnos y estos no aceptan sus métodos… al menos en un principio. Dirigida por Laurent Cantet, director de filmes como Hacia el sur o Recursos humanos, el filme es un relato sincero y honesto sobre una sociedad no solo francesa, sino cada vez más mundial. Las clases problemáticas cada vez son más comunes en el mundo entero, y no se puede solucionar yendo a lo Club de los poetas muertos. La clase (traducción aproximada de Entre les murs, como todos sabemos) es un filme que se antoja obligatorio, único, mágico y verdadero. Los niños hablan, gritan, se pelean, atienden de vez en cuando, se quejan… Eso sí, si esperáis vampiros y zombies, casi que mejor os vais a la sala de al lado. Obligatoria en V.O. Y no precisamente para hacernos los listos, sino porque el doblaje de La clase expulsa pus por los cuatro costados.

LA SEMILLA DEL MAL

Creo que me quedé a gusto el otro día poniéndola a caer de un burro, pero uno nunca está contento. Dudo que haya más de tres personas a lo largo y ancho del mundo que puedan sentirse atemorizados ante la presencia de un niño con el pelo largo y voz fantasmagórica (llámalo voz, llámalo gruñido) apareciendo en cada maldita escena, casi saludando a cámara y pegando puñetazos de obviedad al espectador. Desequilibrada, absurda, mal rodada, con mal guión (lo mejor que se puede decir de él es que, supongo, estaría escrito en elegante fuente Times New Roman), actores que no saben lo que está ocurriendo enfrente de ellos, tramas de auténtica risa… En fin. Una película que empieza con una chica viendo a un niño muerto y acaba con un exorcismo relacionado con la época nazi no merece ser emitida en cines en pleno año 2008. En VHS en los 80 todavía. Para quemar, aborrecer y recomendar a vuestros enemigos más acérrimos.

Os acabo de dar más miedo que toda La semilla del mal

REVOLVER

¿Alguien se acuerda de Guy Ritchie? Sí, hombre, el tío que hace poco estrenó la –dicen- mediocre Rocknrolla, se casó con Madonna y perpetró Barridos por la marea y tiempo ha realizó sus dos obras maduras (manda cojones que las obras maduras de un director sean sus dos primeros filmes): Lock and stock y Snatch. Bien, pues Ritchie estrena ahora en España Revolver, una película de 2005 que hasta ahora estaba pendiente de estreno por estos lares. Tampoco es que nadie la echara de menos, pero en todo caso el filme, con Jason Statham –el tipo de The transporter-, Ray Liotta y André Benjamin, podrá ser visto en cines a partir de hoy mismo. ¿El argumento? Pues el que hemos visto mil veces: Un thriller policiaco con jugadores en casinos, partidas, amigos y enemigos. ¡Un filme rodado justo después de Barridos por la marea no puede ser malo!

OTROS ESTRENOS

EL TRUCO DEL MANCO: Santiago A. Zannou estrena su ópera prima en España. El filme, nominado a mejor actor y director revelación y canción original en los Goya de este año (como si significara algo), trata de marginalidades, gitanos que cantan hip hop y tonterías que hemos visto cuarenta veces. Si no os convence para no verla el hecho de que roza el sensacionalismo, trata de una historia de superación personal y, qué demonios, hay hip hop por los cuatro costados, quizá os convenza si os digo que el actor revelación es el cantante principal de La excepción. Sí, La excepción. Oh, ¿es eso que veo entradas de cine no vendidas? ¡Por qué será!

GUERRA DE NOVIAS: ¡Qué bien, una comedia romántica estadounidense! ¡Jo, con ese título seguro que nos ofrece risión sin par! El argumento ya promete, desde luego: Dos amigas de la infancia prometen que se casarán el mismo día, pero la planificación de estas será una locura y habrá rivalidad entre ambas. Vamos, que podemos todos contar cómo va a ser la película desde la primera escena hasta la última. Gary Winick, el director de La telaraña de Carlota y de la serie Mujeres en Manhattan, filma a una Kate Hudson cada vez más inofensiva (no se me ocurre otro adjetivo mejor para definir Como locos…¡a por el oro!, Una novia para dos o Tú, yo, y ahora…Duprèe) y a Anne Hathaway haciendo lo que todos sabemos.

Kate Hudson se lo tomó muy en serio cuando el graciosillo de turno le llamó “gorda”

¡Y mañana, un reportaje especial! ¡En video! ¡Con Will Smith! ¿Qué más se puede pedir?


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Cowboy bebop, fin al culebrón Watchmen, Scott Pilgrim… ¡Noticias variadas!


Pues sí que ha durado mucho el affaire entre Fox y Warner, oigan. Apenas una semana después de que Fox se erigiera como dueña absoluta de los derechos de distribución de Watchmen, y tras amenazar –para muchos de nosotros ilusionar– con aplazar la fecha de estreno hasta que Regreso al futuro II sea considerada cine costumbrista, los estudios han llegado a un acuerdo. El 9 de marzo la película se estrenará como estaba previsto y, a cambio, Fox recibirá entre 5 y 10 millones de dólares (¿quién no tiene en la cartera para ir a por el pan?) y un pequeño porcentaje de lo que gane en taquilla. Ahora bien, gente: ¿Cuánto se creen Fox y Warner que va a recaudar Watchmen? ¿Realmente creeis que en la calle hay alguien que sepa de lo que estamos hablando? Sinceramente, me espero un nuevo The spirit. Y no hablo solo de la taquilla.

¿Se acuerdan de Macaulay Culkin, el niño que ponía sus manos en la cara y hacía como que chillaba? Ese, el fracasado. Bueno, la noticia es que su hermano, Kieran, que es cuatrocientas veces mejor actor que Culkin, actuará en la adaptación al cine de Scott Pilgrim (uno de los mejores cómics independientes que se publican hoy en EEUU. ¡Estén atentos, porque lo mismo dentro de unos meses lo vemos en España y todo!). El filme trata de un chaval de 25 años, Scott (interpretado por Michael “George Michael” Cera), que se enamora de una chica, Ramona (Mary Elizabeth Winstead). Hasta aquí no creo que os esté poniendo los dientes largos, pero si os digo que Scott debe vencer a sus siete ex-novios malignos para poder finalmente salir con ella, que hay una ex-novia asiática estudiante de instituto que controla las artes ninja, que hay superpoderes, carreras a vida o muerte por supermercados, rock and roll, batallas de guitarras y será dirigida por el director de Hot fuzz (Arma fatal) y Zombies party, lo mismo vais corriendo al cine a reservar vuestras entradas para finales de 2009. Oh, Culkin hará de uno de los ex novios malignos. Como si le importara a alguien.

Dude, he’s the HERO.

Pero por mucho que se esfuerce Scott Pilgrim, nunca podrá llegar a ser tan enormemente bizarra como el documental que Casey Affleck (alguien más del clan Affleck, qué más da) va a dirigir sobre, atención, el intento de Joaquin Phoenix por hacerse rapero. Como lo leeis. Joaquin Phoenix, harto de la actuación, ha decidido creerse Eminem (o Porta, intercambien por el que más rabia les de) y ponerse en manos de “Puffy” Combs para hacer sus flows, sus rimas y sus chorradas a gusto. ¿Que si va a hacer el ridículo? Efectivamente, el mayor del universo. Y, además, estarán las cámaras de Affleck grabando todos sus movimientos, incluído el debut mundial de esta misma noche en Las Vegas.

Y, para terminar, otro proyecto que meterá el miedo en el cuerpo a cualquier fan del anime: La película de Cowboy bebop con actores reales ha sido confirmada según Variety. Y la noticia viene con un punto bueno y un punto desastroso: La parte buena es que Sunrise, la empresa creadora de la serie original, estará controlando la producción para que no quede un desastre a lo Dragon ball evolution. ¿Veo sonrisas en la cara de los lectores? Ah, esperad, tengo algo más que deciros: Keanu Reeves interpretará a Spike Spiegel. Guau, qué pérfido soy.

¡Luego volvemos con los –escasos- estrenos de la semana!


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[PREESTRENO] La semilla del mal: Y Randy se fue de la sala.


Tengo dos simples mandamientos a la hora de ir a ver la película. Dos mandamientos que he cumplido durante 24 años y que nunca antes había pensado siquiera en dejar de hacer: El primero es el de intentar ponerme siempre en la última fila, bien centrado. Si no se puede o la persona con la que vas es una terca, pues bueno, se hace un esfuerzo, pero lo mejor en esta vida es disfrutar de una película en verano, con el aire acondicionado pegándote en la cara y jodiendo la existencia a las parejas deseosas de ponerse en última fila para, em, intimar. Llamémoslo así mejor. El segundo, mucho más simple, es el de no salirme nunca de la sala por mala que sea la película en sí. He aguantado Carrie 2, Spiceworld, películas en las que notaba cómo mi tiempo iba pasando, cómo me iba haciendo viejo. Pese a todo, he aguantado duramente durante 24 años. He soportado huracanes, mareas, tormentas perfectas, valhallas y armagedones. Maldita sea, hasta aguanté los bodrios del festival de San Sebastián de hace cinco años sin decir ni mú. Y, el otro día, sin comerlo ni beberlo, incumplí mi mandamiento en medio del pase de prensa de La semilla del mal. Sí, lo sé: Es indigno, una falta de respeto hacia la película y hacia la productora que nos invitó, pero el filme se me antoja lo más pesado, repetitivo y casposo que he visto en muchísimo tiempo. Y ya es decir.

A destacar en el cartel: El “Ya” separado del resto del eslogan, la tipa gritando bajo un montón de agua que, oh casualidad, le moja por completo… Toda una joya. Algún día se estudiará para que nadie repita una cosa así.

Ver La semilla del mal es como ver un video de Youtube de supuestos fantasmas (ya sabéis: Un grupo de amigotes va por el bosque, sale una luz, todos se asustan, a lo lejos ven un niño y ya no se ve más) una y otra vez durante horas. Así de claro. Y es que no se puede intentar realizar una película que sea un clímax constante. Sin inicio ni nudo, La semilla del mal empieza directamente al final del segundo acto, y a partir de ahí empieza a liar la cosa para que parezca que no, que es un filme perfectamente bien estructurado. Dudo que engañen a nadie: El filme es una repetición de pastiches típicos del terror japonés americanizado colocados uno detrás de otro. De hecho ni siquiera es una repetición de pastiches. Es la repetición de UN pastiche: El puto niño de cara lánguida, pelo largo y mirada triste.

Me explico: En la primera escena, nuestra protagonista hace footing por un camino desierto cuando de pronto se encuentra… ¡Con un niño muerto de mirada lánguida acompañado de un sobresalto musical! ¡Y el niño se convierte en un perro que le lleva hasta una lápida! Guao, qué metáfora tan bien llevada. Bergman se revuelve en su tumba. Nuestra protagonista, ya en la segunda escena, está charlando con su amiguita del alma haciendo de niñera a sus veintimuchos añazos cuando escucha algo por el walkie talkie que vigila a los chavales: El niño mayor murmurando, atención, “¿Sabes? Algunas personas son espejos que se interponen en la realidad y dejan que un submundo pase por ellos”. O similar. Palabras que, por supuesto, hacen que el niño nos resulte raro desde el primer momento. Por si fuera poco raro, el chaval está haciendo que su hermano pequeño mire un cristal fíjamente. Temblad todos. Un cristal.

Ensayos en la academia de OT

A partir de este momento, la trama es la siguiente: La protagonista va a un lugar con un personaje secundario que a nadie le importa (su novio, su amiga, su primo, un termo de café que tiene más carisma que ella)-Habla sobre sus paranoias con el niño muerto (ya sabéis, “tengo que contarte algo: Veo cosas…cosas que no parecen reales”)-Ve al niño a lo lejos con cara lánguida esté donde esté (en mitad de la calle, dentro del armario del baño, viendo la tele…). Y ya está. Media hora de la chica en cuestión viendo al niño de las narices. Media hora acompañada de un continuo incremento del volumen musical en cuanto aparece el criajo. Media hora de los sustos más primitivamente toscos que he tenido oportunidad de ver en esta vida. Y es que es posible que la aparición del niño te de miedo si espacias sus apariciones en la película, pero cuando aparece en TODAS las escenas, es difícil entrar en la película. Vamos, que lo raro es que la protagonista no se lo lleve de cañas. Coño, si sale más que su novio.

Por supuesto, llega el momento de pedir explicaciones: ¿Por qué veo al niño? ¿Qué significado tiene todo esto? ¿Podemos irnos ya a poner a parir la película? Y, creedme, las soluciones son propias de la peor película de serie Z de la historia. Atención: [enemigos de los spoilers: Si por alguna razón pretendíais ver esta cosa, no sigais leyendo. Si el interés os puede, os he avisado] El niño es un gemelo que tuvo nuestra protagonista y que apenas vivió unos meses pero que está pidiendo volver a nacer. Lo que viene siendo llamado un dybbuk (eh, a mi no me mireis, es lo que pone en el libreto de prensa). ¡Toma ya! Pero la cosa no acaba aquí: El hecho de que aparezca tiene, por alguna razón, que ver con el exterminio nazi, por lo que van a ver a una superviviente que les echa a patadas. Este fue el momento en el que decidí coger mi abrigo e irme a casa. Sintiéndolo en el alma por la gente de Universal, si pretendían que todos nos quedáramos sentados aguantando que las explicaciones de ver fantasmas tengan que ver con los nazis y con hermanos que murieron, me temo que estaban tajantemente equivocados: Nunca antes había sentido que me tomaban el pelo deliberadamente de una manera tan descarada.

Si tiene que ver con nazis, Hansi aprueba La semilla del mal

¿Sabéis lo que es sentir cómo tus neuronas explotan una a una dentro de tu cerebro? Pues eso lo que sentí viendo La semilla del mal. Gracias a dios no me quedé, porque por lo visto después había bichos cubriendo a la protagonista y, atención, un exorcismo copiado plano por plano de la película que todos sabemos… pero incluyendo un perro al que la cabeza se le vuelve del revés. Toda una película digna de ser proyectada a los presos de Guantánamo, vaya. Seria candidata a la peor película de 2009, si es que aun no ha ganado el premio directamente.

Quizá os estéis preguntando a estas alturas quién ha sido el autor de semejante lindeza, y no me extraña: Quemarle su mansión sería poca venganza por habernos regalado la trama de la Alemania nazi creando dybbuks. Chicos, ya podéis cargar contra David S. Goyer sin miedo: Él ha guionizado y dirigido este atentado contra el buen gusto. Y fíjate que es raro que el director de Blade: Trinity (la decadencia final del vampiro) y Lo que no se ve (buen título para un filme que, efectivamente, nadie vio) realice una mala película, pero, para sorpresa de todos, así ha sido. Lo que ya extraña un poco más es saber que el tipo de los fantasmitas es también el guionista de Batman begins, Dark city y Blade. ¿Tres golpes de suerte? Lo comprobaremos en X-men: Magneto, que también dirigirá, y Flash, que supongo que ahora empezará a ver niños muertos en la acera de enfrente una y otra vez. Pero todo esto tampoco habría sido posible sin la producción fabulosa de Michael Bay, que logró insuflarle aun menos interés a una trama que ya de por sí era desastrosa. ¡Bravo, Michael! ¡Continúa el legado de Pearl harbour!

Para el reparto, el colega Goyer ha escogido para el papel protagonista a Odette Yustman, conocida como “nuestra sobrina la actriz” en las reuniones familiares. Más concretamente, ha actuado en series del calibre de Monk o October road y en películas como Monstruoso, Un timador con alas, The holiday, Transformers o Poli de guardería (sí, era la niña). Obviamente no solo no aguanta bien el papel de protagonista (su cara de “¡Oh, un misterio!” es para enmarcar), sino que además se le nota demasiado que aun le falta muchísimo camino por recorrer. Como para tapar su horrenda actuación, Odette es secundada por Gary Oldman, que parece más perdido que un vegetariano en un matadero, y por un puñado de desconocidos de los que no merece la pena mentar ni el nombre.

En definitiva: Una película que, de tanto querer asustar, produce risa, desconcierto y, ante todo, una pregunta general: “¿Qué demonios estamos haciendo aquí sentados si lo que queremos es marcharnos?”. La solución es obvia, amigos: Romper con 24 años de tradición. Ha merecido la pena.

Estrellitas: 0. Me niego.
Lo mejor
: El momento en el que pisas la calle y te das cuenta de que eres libre.
Lo peor: Cada minuto que pasas dentro de la sala sufriendo un filme así.
Para: Asesinar a la gente a golpe de tópicos, absurdos, aburrimiento y escenas repetidas hasta la saciedad.


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Rumore, rumore: Lo último sobre Scream 4. Sí, 4.


A veces me imagino a los productores de cine como señores con bata blanca, pelo encrespado y risa extrañamente perturbadora, con dos desfibriladores en las manos, atacando a un pobre sujeto tirado en una camilla mientras gritan salvajemente “¡Vive! ¡Vive! ¡Vive, maldito, vive!”. Y el maldito engendro, que quiere seguir muerto, intenta seguir andando a pesar de que todos sepamos que no es el mismo de siempre y ya empieza a oler bastante a podrido. Imaginaos pues a un productor de cine en esta escena propia de cualquier película de serie Z cuando os cuente que Scream 4 está a punto de ser una realidad (vale, esto ya se sabía en julio, pero ahora se empieza a avistar el final del camino).

O, por lo menos, eso dicen los rumores. Ya sabéis: Cogedlo con pinzas, es posible que esto nunca se haga, etcétera. Pero, de momento, lo último que se oye en las webs repletitas de cotilleos recién sacados del horno (en este caso Bloody Disgusting, que asegura que lo que cuenta es un hecho) es que Kevin Williamson, el guionista de las dos primeras –y únicas buenas- partes está realizando un esbozo de lo que será el guión principal. Y, además, que Wes Craven, después de negarse en pleno a hacer esta cuarta parte, parece estar pensando seriamente pasar por el aro tras los fracasos estrepitosos de sus últimos proyectos lejanos a Scream (Vuelo nocturno, Música del corazón). Érase un hombre atado a una saga.

Lo peor es que el logo me gusta, por muy fake que sea

Pero tranquilos, porque se espera que el argumento tenga su sentido. Podemos irnos olvidando de precuelas, remakes o secuelas absurdas. Lo que parece que se está intentando es realizar un Scream: La nueva clase, con personajes jóvenes completamente nuevos, probablemente de instituto, que vengan a reemplazar a los Sidney Prescott, Randy Meeks y compañía de toda la vida. Es de agradecer que, al menos, no nos tomen por idiotas. Pese a todo, Neve Campbell, Courtney Cox Arquette y su marido probablemente salgan en cameos (o sea: Para morir o para aconsejar tonterías) a cambio de un poquito de dinero. Ya sabeis: La mansión, que no se limpia sola y hay que contratar cinco o seis chachas más.

Sobre el resto de rumores de la semana (Morbius como maloso de Spiderman 4, Vanessa Hudgens –a.k.a La Chica Desnuda– como nuevo personaje en Luna nueva, McG rodando 20.000 leguas de viaje submarino entre Terminator 4 y 5, los Globos de oro, etcétera), sinceramente: Lo mismo de siempre. El día que me despierte y Hollywood me ilusione de nuevo, oh, amigos, ese día bailaré claqué.

Hasta entonces, nos aguantamos con Scream 4.


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[PREESTRENO] Siete almas: Y Will Smith metió la pata


Si hubiera justicia, en las enciclopedias habría una foto de Will Smith en la época de El príncipe de Bel-Air al lado de la palabra “agradable”. Esa es la palabra: Puede caer mejor, puede caer peor, pero ver a Will Smith siendo él mismo es agradable y divertido. Es como ver a tu colega Alfonso haciendo el idiota en la televisión, pero en glamouroso, negro y rapero. Tristemente, si la justicia existiera, también habría una foto de Will Smith intentando parecer serio al lado de la palabra “fallo”. Ojo, que le entiendo. Jim Carrey ha conseguido ser un actor respetado en Hollywood y a la vez sigue siendo el payaso que ha sido toda la vida. Sus actuaciones dramáticas han roto hasta los corazones más pétreos de la industria crítica del cine, y ha logrado hacerse un hueco en la eternidad. Will Smith, simplemente… no. Bien, logró una actuación bestial en Ali, fue recompensado como el mejor actor del año muy merecidamente… ¿por qué no dejarlo? ¿por qué hundirse más y más en la mediocridad con cintas como Yo, robot o En busca de la felicidad? ¿Por qué ese empeño en no ser Will Smith, ese papel que le ha dado películas tan entretenidas como Soy leyenda –Will Smith en una sociedad post-apocalítpica- o Hancock -Will Smith superhéroe-? ¿Por qué ser otra persona que no pega nada con el papel que, en nuestra cabeza, hemos dado todos al actor? Siete almas es otra prueba más de que Smith está mejor en cualquier comedieta idiota (Hitch, sin ir más lejos) que en un intento de dramón que se queda en eso: Intento. Y es que, como hemos dicho, si hubiera justicia, la expresión “Ni pies ni cabeza” debería ir siempre acompañada con un fotograma de Siete almas. Así de buena es. Por cierto, le regalo mi idea a la RAE. De nada.

A la hora de hacer el poster, simplemente pusieron la foto del DNI de Will Smith

Conste una cosa: Se me hace difícil hablar mal de Will Smith. ¿Es que nadie le vio en El hormiguero? Esa entrevista va a vender más entradas que todos los trailers emitidos hasta ahora. Pero es que, igual que Hancock o Men in black se hacían impensables sin el rapero, Siete almas podría ser interpretada por cualquier actor del Hollywood actual que quisiera cambiar de registro: Desde Mark Wahlberg hasta Vin Diesel, cualquiera podría haber sido el protagonista del film. Ese es uno de sus problemas: Es una película sin alma (o mejor dicho, con siete. Mátenme), con un actor carismático totalmente desaprovechado. No es que Smith sea mal actor (en Alí demostró de lo que era capaz), pero es que en este caso se pasa el filme poniendo cara de “actor dramático que se lo toma muy muy en serio”. O lo que es lo mismo, para los amigos: Cara de “Estoy oliendo mierda cerca continuamente y me repele”. Supongo que, a grandes rasgos, se puede considerar una buena actuación (el inicio es bestial. A partir de ahí va hacia abajo), pero el tipo ni ríe, ni llora (bueno, se lleva las manos a la cara haciendo como que llora, pero ni por esas). Grita un poco en la segunda secuencia para que todos nos asustemos un poco y creamos que el personaje va a tener algo de interés, pero para de contar. El resto del filme se basa en poner cara de pan y preocuparse de no estar sobreactuando. Sintiéndolo mucho por Will, realmente cometió un fallo al aceptar la película.

Quizá os estéis preguntando “Eh, pero si el argumento no está nada mal, ¿por qué no le ha gustado al zopenco este?”. Efectivamente: El argumento en sí es perfecto y podría dar lugar a una gran película: Un hombre quiere buscar a siete personas buenas de corazón para salvarles la vida. El problema es que este argumento solo se explota en el primer cuarto de hora y en los últimos cinco minutos. Después de conocer a seis personas (sin saber por qué, ni cómo, ni donde: La primera hora de Siete almas es una experiencia devastadora. No había estado tan perdido nunca jamás en mi vida, ni en las peores pesadillas de Lynch. Por suerte o por desgracia, al final todo cobra sentido…aunque ojalá no lo hubiese hecho), Smith conoce a una chica que necesita un transplante de corazón, es muy buena, se enamora y se pasa casi dos horas intentando camelársela. En serio. De vez en cuando sale alguna de las historias del inicio, como en una ráfaga, para que no se nos olvide, pero el argumento principal es una sucia, mentirosa y vil historia de amor al uso. Al final del filme, las siete personas quedan salvadas (no diremos cómo) y se nos vuelve a dar un protagonismo inusitado a la chica. Sin ella, ahora probablemente mi opinión sería muy diferente, pero el filme se diluye demasiado en prolongar una historia de amor que ni nos interesa en ningún momento, ni aporta nada a la trama que no pudiera haber sido contado de manera más rápida y efectiva.

¡Qué pasa, tío Phil! ¡Vengo de hacer felices a siete personas… y eran todas pivitas! ¿Qué me dices? ¿Chocas o qué?

Por cierto, que la chica es Rosario Dawson, que era la sosa de Clerks 2, de Death proof y de Sin city. Lo tiene todo, la mujer, excepto carisma, nivel de actuación decente y química con Will Smith. En serio. Nunca había visto una pareja con menos química en una sala de cine jamás (no me hagan hablar de sus besos, por favor: He visto más emoción puesta en los actores yonquis del porno gonzo más casposo), pero no es solo eso: El problema es que el resto de actores no tienen la menor idea de qué hacen ahí. Woody Harrelson hace su papel más desaprovechado hasta la fecha (con todo, es lo mejor del filme. La manera de actuar de su personaje no se la cree ni el guionista, pero Woody lo hace bien) y el reparto al completo baila al son que manda Will Smith, que para algo es el que sale en el cartel bien afeitadito. Correcto, pero sin tirar cohetes.

Poco a poco empezamos a vislumbrar cual es el gran error de Siete almas, pero vale la pena ir desgranando uno a uno sus fallos garrafales. Y es que pocas veces se ve una película dándose cuenta de su potencial y de lo poco que se ha exprimido. Pocas veces me he sentido tan impotente en una butaca, casi gritando “¡Oh, venga! ¡Yo podría haberlo hecho mejor! ¡Mi abuela tiene más sentido del ritmo! ¡Al menos conseguiría que se entendiese la primera hora de la película y haría que el final fuera REALMENTE sorprendente!”.

Para colmo, en todo momento alguien decidió que era una genial idea bombardearnos con LA MÚSICA. Como es un filme de mucho drama, mucho dolor y mucho lamento, la música es lenta y seria. Y esto estaría muy bien si no fuera porque la música es lenta y seria incluso cuando no tiene que serlo. ¿Que Smith ha arreglado la máquina de imprimir carteles de su pseudo-novia y ella está muy contenta? Música lenta y seria. ¿Que Smith y la novia se besan? Música lenta y seria. ¿Que hacen una fiesta a Smith con globos rojos y verdes? Música lenta y seria. Qué drama, tú. Hasta las partes que no son de llorar intentan ser manipulables para que el espectador medio diga “Eh, debe ser muy buena, porque la música era profunda”. Y lo peor es que creo que lo conseguirán. Dios mío.

Rosario Dawson: Tanto carisma como una piedra, con peor actuación

Pero es que el filme ni siquiera es buen manipulador. A mi no me importa que me manipulen si lo hacen bien. Cuando cogen mis sentimientos y me obligan a sentir algo en Amèlie, La vida es bella o El hijo de la novia, corro a llorar, a reír o a enternecerme. Cuando lo intentan hacer en Siete almas, la indiferencia se adueña de la sala, que tiene que reprimir una carcajada en el supuesto “momento cumbre” del filme, que no desvelaré, pero que tiene que ver con una bañera y con el actor ganador de un Oscar ofreciéndonos la peor actuación de su carrera desde Wild wild west. El final sorpresa no es ni sorpresa (por dios, te dan unas pistas tan obvias a lo largo de la trama que un niño de dos años conseguiría unir las piezas), ni emocionante. ¿Cómo puede emocionarnos lo que le pase a un personaje que, a lo largo de la trama, nos ha importado un pimiento morrón?

Y llegamos ya al gran fallo, al error garrafal del filme: Darle el encargo de guionizarla a un tipo que hasta entonces solo había escrito un episodio de Sabrina, cosas de brujas (en serio) y darle una cámara y un montón de dinero a Gabriele Muccino, que ya nos adormeció a todos con En busca de la felicidad. Muccino no sabe dónde poner la cámara, qué decisiones tomar para que los planos sean coherentes y no ridículos (esos travellings siguiendo la espalda de Smith y viendo el resto del mundo desenfocado, ese plano de la bañera, ese polvo tan ridículamente mal rodado) y, en general, qué hacer para que Siete almas no sea el tostón que finalmente ha sido. A ello ayuda un guión que necesita veinte reescrituras (si supiera lo que estaba pasando desde el principio, el filme me hubiera atrapado. Sabiendo lo que pasa al final me dio absolutamente igual), un montaje que hace aguas por los cuatro costados (atención a las escenas de flashbacks introducidas sin ton ni son. Hasta en El internado saben cuándo hay que meter un flashback y cuando no, amigos. En Siete almas no tienen ni idea) y unos personajes secundarios que, de puro secundarios, se diluyen en la trama.

Creedme: No merece la pena. Ni aunque os guste dejaros manipular.

Estrellitas: * ½
Lo mejor
: Woody Harrelson y su personaje. ¿Por qué no le dieron más papel?
Lo peor: Que un punto de partida interesante se diluya tantísimo con la ridícula historia de amoríos. Y que el final sea tan absurdamente obvio.
Recomendada para: Gente que se quiere dejar engañar. Fans acérrimos de Will Smith. Llorones sin fronteras.


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¡Remakes mediocres!: Estrenos de la semana


¿Qué tienen en común un remake descafeinado, una película nominable a mil oscars y un filme francés? Sí, vale que el remake descafeinado de un filme francés podría ser nominable a mil oscars y el original quedarse sin nada, ¡pero también que forman parte de los estrenos de esta semana! ¡¡Los habrán leído en más sitios, pero no tienen tres críticas pendientes de compartir con ustedes!!

QUARANTINE

Cuando REC triunfó en los cines de España toda gracias a su increíble capacidad de innovación –curioso, teniendo en cuenta que en el fondo era lo mismo de siempre pero cámara en mano-, pocos nos esperábamos un remake yanqui. Cuando este se anunció, pocos pensamos que podía ser peor que la película española (más que nada porque los americanos de otra cosa igual no, pero de meter tensión en el cuerpo, un rato largo). Y, sin embargo, aquí está Quarantine, un remake paso a paso de REC con un par de -originales- nuevas escenas (el cámara matando a un zombie con la cámara: Impresionante) y con un manejo de la tensión pobre, triste, deprimente y, sobre todo, muy inferior al del filme de Balagueró y Plaza.

Me llamo igual que la reportera española y mi papel consiste en gritar mucho. ¿Quién ha dicho que no sé actuar?

El argumento ya es conocido por todos: Una reportera (Jennifer Carpenter, protagonista de El exorcismo de Emily Rose y una de los personajes principales en Dexter) sigue a un grupo de bomberos durante toda una noche. Los bomberos se meten en una casa junto a dos policías y empieza un delirio de rabia animal, zombies asesinos y sangre que es grabado en continua primera persona. Pero el gran error de Quarantine es que esta primera persona no solo sale cuatro veces en el filme (¿había algún tipo de necesidad?), sino que, en los momentos de mayor tensión, se dedica a hacer zooms y a mover la cámara como si tuviera parkinson. Descentra, marea y termina siendo, francamente, odioso. Tanto que, al finalizar, nos quedamos con el sabor de haber visto una REC desteñida, una REC triste y sin la fuerza de la primera parte. Esperemos a ver qué hacen los autores originales de la saga con esa segunda parte tan esperada por todos…y de la que tan poco sabemos. Y que, por favor, esta vez no hagan remake. No en estas condiciones. El miércoles, ampliamos la crítica. Gracias, dios, por los preestrenos.

MI NOMBRE ES HARVEY MILK

“¡Eh, chicos, tenemos una película que se llama Milk! Mmmmh, quizá la gente piense que se trata de un filme sobre la industria lechera… ¡Llamémosla Harvey Milk! Pero, ¿y si creen que se trata de una marca de leche? Nada, nada. Mi nombre es Harvey Milk y punto”-“¡Pero señor, es un título ridículo!”-“Traíganme a otro becario, por favor”. Algo así debió pasar en la reunión en la que se decidió el título español de Milk, porque pocas veces he visto un título tan grande y que diga tan poco. En fin, a estas alturas muchos ya sabéis lo que se comenta sobre este filme: Gran nominado de los Oscar, premio casi asegurado para Sean Penn, Gus Van Sant volviendo a hacer cosas decentes… ¡Quién sabe! ¡La vida nos da sorpresas!

Clavaditos, oye. Como Carmen de Mairena y George Clooney, más o menos.

El filme trata sobre la vida y muerte de Harvey Milk –obviamente-, político que salió del armario en los años 60 y decidió compartir con el mundo su homosexualidad. Mientras habla de libertad y de esperanza, en su vida privada pone los cuernos a su novio con un chico que parece necesitarle. En los actores, Sean Penn hace de gay, personaje famoso y asesinado, todo en uno –lo que prácticamente le asegura una nominación-, James Franco hace de su novio (le conoceréis de Freaks and geeks y las tres partes de Spider-man. Un prodigio de la actuación, el muchacho), Diego Luna (el feo de Y tu mamá también) de su amante y Josh Brolin (secundario hiperconocidísimo) de tío que, al final, le mata. Hala, tomad spoiler. Ni que no se supiera ya. Milk es la gran oportunidad para Van Sant de redimirse y volver al agradable redil de las películas comerciales. ¿Aceptará el trato?

CUANDO ELLA ME ENCONTRÓ

¿Se acuerdan de Helen Hunt? En su día tuvo algo de éxito gracias a La maldición del escorpión de Jade, Naúfrago (no, no hacía de balón ni de Tom Hanks) o Cadena de favores (en la época en que Haley Joel Osment era aun un reclamo para la taquilla), y después se hundió en la ciénaga de la mediocridad. Esta semana, parece haberse dado cuenta de que la única manera de conseguir buenos papeles es escribiéndoselos ella misma y, por tanto, se ha puesto el gorrito de guionista, productora y directora en Cuando ella me encontró, en la que se ha dado el papel principal. No es lista ni ná, la muchacha.

Los pósters indies son todos iguales, maldita sea

El filme es la típica tontería sobre una cuarentona que intenta tener una revelación personal mística. Cuando se muere su madre adoptiva, llama su verdadera madre, que es presentadora en una cadena local. Después, cuando le deja su marido, busca consuelo en los brazos de otro hombre. Esto apesta por los cuatro costados. Me juego el cuello a que al final es feliz y todos comen perdices. En este despropósito, le acompañan a Helen Hunt actores olvidados -¡pero no tanto como la gente cree!- como Bette Midler, Colin Firth o Matthew Broderick. Vamos, que tengo las mismas ganas de verla que de que me claven chinchetas en la planta del pie. Las mismitas, oigan.

OTROS ESTRENOS

EL HIJO DE RAMBOW: Aunque a priori parece el estreno más interesante de la semana (un niño que crece en medio de una secta que prohíbe el cine consigue una copia pirata de Rambo e intenta recrearla junto al chulito del colegio con su pequeña cámara mientras se esconden de la secta en sí), la verdad es que la crítica internacional la está tildando de mediocre. A mi me parece que será un caso a lo Rebobine, por favor: Promete mucho de parodia, pero será un filme más basado en la secta que en el rodaje en sí. Con todo, es un punto de partida más original que el de cualquier otra película de esta semana. Tampoco era difícil, todo sea dicho.

BIENVENIDOS AL NORTE: El lavabo está siguiendo ese pasillo, a la izquierda. Pues nada que no hayamos visto: La última sensación francesa, comedia inteligente, enredos, bla, bla, bla. No es que quiera juzgar antes de ver, pero es que se me hace imposible no hacerlo cuando cada dos meses sale “la comedia francesa de la temporada”. Bien, vale, me gustó La cena de las idiotas, ¿tengo que pagar tanto por ello? ¿Cuándo dejarán los franceses de hacer “revelaciones de la temporada”? Y sobre todo, ¿cuándo dejarán de ser un coñazo? El filme trata sobre un tipo que va a vivir al norte del país, donde cree que lo pasará mal, pero lo pasa bien. Al volver al sur le dice a su mujer que lo pasa fatal, y todo empieza a ser una delirante mentira. Ya os digo: Hilarante. Nunca visto antes. A la hoguera, coño.

RESISTENCIA: Segunda guerra mundial. Hechos reales. Nazis. Jamie Bell. Si todavía siguen ahí, es que tienen un corazón a prueba de bombas. Y es que estos cuatro elementos, que ya por separado producen repulsión, se juntan en Resistencia, una película en la que Daniel Craig se quita el traje de James Bond y es, simplemente, un actor mediocre, secundado por Liev Schreiber (¿Se acuerdan? Salía en la saga Scream) y, como digo, Jamie Bell (el chaval que se ve obligado a decir “Ya no soy Billy Elliot” en cada entrevista que le hacen). ¿Que si Resistencia tiene interés? Tanto como comer paté caducado, pero allá ustedes.

¡Que estemos en la Alemania nazi no es excusa para no practicar ballet!

La semana que viene, al menos, hay un estreno interesante y digno de ver: La clase. No se la pierdan. ¡Y mañana volvemos al ritmo diario de Cine Online, con críticas de preestrenos y de Quarantine! ¡No les quiero spoilear, pero vaya semanita nos espera! ¡Con Will Smith a veinte centímetros de nosotros! ¡Uauh!