El cine que estabas esperando

Archive for December, 2008

El ranking del año (1): Los bodrios


¿No estáis hartos de las típicas listas que se hacen a final de año? Que si las noticias más importantes, los romances más sonados, los zappings más supuestamente graciosos que-te-cagas, los videojuegos favoritos de los redactores de Try again, los peluches más bonitos del mundo mundial… Cada año igual. Cada año más pesados. Cada año todos pasamos más y más de las listas, ignorándolas por igual. Dios, como odiaría tener que hacer una lista del estilo. ¡¡Y sin más preámbulos, con todos ustedes, la lista de lo peor y lo mejor de 2008!! Empezando, como no podría ser de otra manera, por los mayores bodrios que han dado en caer en nuestros cines. Por supuesto, no incluímos ni las películas vistas en festivales (Sitges, FANT, etcétera). Más que nada porque si no esto sería una lista interminable. ¡Vamos allá! Aunque todos sabéis cuáles van a ser las dos películas ganadoras (porque son las ganadoras en todas las listas del mundo mundial, más que nada), ¿cuál será la tercera? ¡Tensión! ¡Intriga! ¡Dolor de barriga!

37-10.000: Roland Emmerich, el mismo que tan pronto te hace un Stargate como un Godzilla, filmó una película en la que mezclaba la prehistoria con el antiguo Egipto, dinosaurios con humanos y se pasaba los libros de historia y el sentido común del espectador por el mismo sitio por donde se pasó todo lo que sabe sobre movimientos de cámara y montaje (que es poco, todo sea dicho). Total, que nos queda un filme al que se le queda corta la palabra “mediocre”. 10.000 fueron el número de personas que se salieron de mi cine antes de que acabara la película. De verdad.

36-Speed racer: Los Wachowski, antaño artesanos de la saga Matrix (de las que, como todos sabemos, sólo valían la pena la primera parte y los cortos animados), decidieron que la mejor manera de adaptar una serie camp sobre corredores de Fórmula 1 pseudo-futuristas que contaba con un corredor misterioso, un niño y un mono era… no cambiar un ápice. Así, todos vimos con estupor como un niño y un mono se convertían en las improvisadas estrellas de una película con un estilo visual tan novedoso como innecesario, con un guión al servicio de los efectos especiales (¿cuándo aprenderán? ¿cuándo?) y más bochornoso de lo que cabría esperar. Para olvidar.

El mono fue lo mejor adaptado. Sin duda.

35-Crepúsculo: Un libro cuyo éxito internacional sólo puede explicarse mediante la hipnosis colectiva. Una directora con menos talento que Ed Wood. Unos actores que podrían haber sustituidos por bonitos jarrones decorativos. Unos vampiros que no muerden, que brillan a la luz del día y se enamoran de humanas con serios problemas para relacionarse. Una película taquillera hasta las trancas que ha venido a engordar la desproporcionada cuenta corriente de Stephenie Meyer. Otro gran bodrio de este año. Y vamos tres.

34-Los crímenes de Oxford: Alex de la Iglesia es ese director gordo y divertido que sabe hacer blogs muy bien pero parece que está perdiendo su toque a la hora de rodar. Primero con estos Crímenes de Oxford y luego con la fallidísima Plutón BRBnero (en serio, ¿qué demonios era eso? ¿O qué intentaba ser?), De la Iglesia ha dejado de ser el director estrella e infalible que era antaño (recordemos: La comunidad, Muertos de risa, Crimen ferpecto…) y se ha dedicado a hacer películas cuyo sentido se pierde en la trama y que parece tan impersonal como cualquier bodriete de Ron Howard. Los crímenes de Oxford es, sin duda, la obra más cara de Alex de la Iglesia, pero, sin duda, es también la confirmación de que nadie es perfecto. Ni detalles interesantes tenía.

33-4 meses, 3 semanas y 2 días: Eh, chicos. Vamos a hacernos los interesantes viendo esta película. Me han dicho que tiene un plano en el que un pie sale desenfocado durante cinco minutos para representar el dolor femenino (¿que por qué un pie desenfocado y no una lágrima? Bueh, se nota que no eres un lector de Cahiers du cinema. Tú no sabes). Una historia sobre aborto, violaciones y drama, mucho drama, conforma la película que marca el número uno de las revistas culturetas del mundo mundial. Los que comemos palomitas en el cine y no confundimos “pretenciosidad mal realizada” con “metáforas atrayentes” tenemos en 4 meses, 3 semanas y 2 días uno de los filmes injustamente más sobrevalorados del año. Me lloverán críticas, pero qué le vamos a hacer. Lo pretencioso no va conmigo.

No se mira en el espejo: Contempla su fragilidad como mujer, impotente ante las vejaciones machistas. Le encanta al ministerio de igualdad.

32-El incidente: La carrera de Shyamalan va para abajo. Después de la sobresaliente El sexto sentido (aun su mejor película) y la notable El protegido, llegaron Señales (entretenida, para qué vamos a negarlo) y El bosque. Y ahora, después de su época de oro y de plata, parece haber entrado en su época de mierda. Con perdón. Pero es que no se pueden explicar de otra manera La joven del agua y El incidente, dos películas realizadas con la única intención de hacer huir a sus antiguos fans (wow, una película en la que un niño-vidente descubre chorradas de una antigua civilización mirando cajas de cereales y un filme en que los árboles asesinan a las personas. Dadme más). ¿Que si El incidente tiene buenos momentos? Bueno, el inicio es potente. ¿Que si El incidente merece la pena? Tanto como hacer rebotar una pelota en la pared de tu cocina durante horas. Shyamalan, majete, dedícate a los finales sorpresa, anda.

31-I’m a cyborg (but that’s OK): Alguna vez hemos hablado del movimiento “si es asiático es exótico, y como es exótico es una obra maestra” impulsado por Kim Ki-Duk, Wong Kar-Wai y Hayao Miyazaki. Sí, es cierto que han hecho buenísimas películas los tres, pero no todo lo que tocan es oro. A ver si ahora va a haber rey Midas por el mundo y no nos hemos dado cuenta. I’m a cyborg forma parte de este movimiento. Siendo una película mediocre en su planteamiento y fallida en el resto de su metraje, los cinéfilos de bombín y pipa la han dejado como una fabulosa obra maestra. Park Chan-wook, el autor de la sobrevalorada trilogía de la venganza firma una película que ni sorprende ni emociona: Es la mediocridad personificada. Con todo, los efectos especiales son soberbios en las tres o cuatro escenas que se quedan grabadas en la mente y brillan por su ausencia en el resto de la película. Tanto como la emoción de Chan-wook, que se va perdiendo un poco más en cada minuto que pasa.

30-Vicky Cristina Barcelona: Me copio a mi mismo, en El blog de Randy: Esta es Vicky. Y esta es Cristina. Y son la leche de diferentes, porque te lo explica la voz en off, una voz en off que no tiene justificación alguna en la película pero que queda la mar de interesante. Vicky y Cristina van a pasar el verano en Barcelona, porque si no el título no es correcto. Vicky se va a casar con el amor de su vida dentro de poco y Cristina es una viva la virgen que no sabe qué hacer con su vida. Llegan a Barcelona y allí conocen a Javier Bardem. Ya saben, Ramón Sampedro. El actor que nunca hay que decir que lo hace reguleramente so pena de ser expulsado de España. Diremos que aquí pone cara de pan de manera maestra. Creo que una vez a lo largo de la película le vi poner una expresión, pero no estoy seguro del todo. Si encima de ser Javier Bardem pusiera expresiones faciales y supiera actuar, sería el actor perfecto. Y ya está. A partir de aquí, Allen coge su MiniDV, graba lo que pilla por Barcelona (¿la Generalitat? ¡Fabuloso! ¿las Ramblas? ¡Fabuloso! ¿un banco al lado de un McDonalds? ¡Soberbio!) y los críticos españoles cagan pepsi-cola. El resto del mundo, queremos coger una cuerda y colgarnos para no tener que ver Roberto Pepe Oviedo. Dadle una subvención a Allen y una demencia senil y ya veréis.

Os acabo de espoilear la película

29-Sweeney Todd: Tim Burton quería hacer un musical y no sabía ni por donde empezar. Y qué quieren que les diga, se nota. Si sales de una película repleta de canciones y sólo puedes recordar un poco de la letra de una y “más o menos” la musiquilla de otra, es que algo falla. Entre que la historia se podría haber contado igual (perdón: mejor) sin canciones constantes, que Johnny Depp hace de Johnny Depp dirigido por Tim Burton (ya sabéis: Gótico-que-te-meas con el que las quinceañeras llenan sus carpetas), que el director está más pasado de vueltas que cuando hizo El planeta de los simios y que las canciones son más sosas que el último disco de Miguel Bosé, Sweeney Todd es un intento de que el director gótico por excelencia vuelva a lo más alto… sin conseguirlo en ningún momento. Hala, vuelve a intentarlo con Alicia en el país de las maravillas. O con la chorrada que venga después.

28-Prime time: Acogida con un clamoroso pitido en el festival de Sitges, Prime time, sin ser la peor película de la historia, como se decía por allí, es un filme paupérrimo, con una metáfora sobre la televisión tan obvia como innecesaria y mal llevada. La crítica de turno sobre Gran hermano ha sido este año la de Dead set, serie británica sobre zombies en medio de un reality, y no la de Dead set. En general, este año las series de televisión le han pegado un buen repaso al cine. Prime time es una especie de lugar de purgatorio futurista para criminales que no interesa ni atrae mas que a neófitos en esto del cine que se excitan con poca cosa. Los decorados son sencillísimos, los actores parecen recién salidos de Estudio de ídems y el único interés radica en un giro de guión que uno se huele desde el primer minuto. Luego se quejan de que el cine español va mal. Normal, con semejante despropósitos.

27-Monstruoso: J. J, el director definitivo, cogió una cámara de estar por casa, le añadió un par de cosillas con el AfterEffects, se inventó la historia de un monstruo que destrozaba Nueva York, se dio cuenta de que no le daba para una película (por lo que añadió una innecesaria media hora de presentación de personajes), hizo una campaña viral que te cagas y, finalmente, estrenó su nueva gran mentira: Monstruoso. Ni la historia era interesante, ni la película hacía algo nuevo de un modo novedoso, pero todo el mundo andaba como loco por lo nuevo de J. J. Me gustaría ver qué hubiera pasado con Monstruoso si Lost no hubiera existido. ¿Alguien ha dicho “carne de videoclub”?

Aprende, J. J.

¡Y mañana, la segunda parte de las películas del año! ¡Perros estrellas de cine, agentes secretos, cuartas partes decepcionantes y superhéroes variados! ¡No se lo pierdan!


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El VHS ha muerto. ¡Viva el VHS!


Contaba con 15 años la primera vez que compré un par de cintas originales en VHS. Y no pude empezar con mejor pie: ¿Qué fue de baby Jane? y Días de vino y rosas fueron las elegidas para iniciar una videoteca que, a día de hoy, aun no he logrado terminar de ver. Desde obras maestras como Senderos de gloria hasta bodrios como Viernes 13, parte VII pasando por La jungla de cristal y aquellas cintas porno grabadas de estrangis por alguien que tenía el Plus, el VHS me crió como cinéfilo, me hizo grabar las grandes películas que se emitían en La 2 de madrugada, me descubrió la versión original. El VHS fue mi infancia cinéfila.

No lo voy a negar: Todos mis VHS han sido sistemáticamente sustituidos por DVDs y las cintas han sido relegadas a cuatro grandes cajas que guardo y desempolvo una vez al año. Pero, pese a todo, no esperaba que la noticia de hoy me fuera a dar tanta pena. Ha dado la vuelta al mundo y probablemente ya todos lo sepan cuando estén leyendo esto, pero hoy es un día para la nostalgia. Florida Distribution Video Audio, el último distribuidor de VHS del mundo, ha terminado con las existencias que tenía en su almacen. O sea.

Y también grabé toda la serie de Oliver y Benji en 50 cómodas cintas de tres horas. True story.

Que el VHS ha muerto. Muchos creían que había muerto en 2006, cuando Una historia de violencia, la última película editada en este formato, salió al mercado, pero aun ha aguantado dos años y medio vendiéndose a ONGs, bibliotecas y servicios públicos (que son, en definitiva, quienes van a querer los VHS, vaya, porque no veo yo a nadie hoy en día a ningún ser normal –traducción, amigo: ¡Ni tú ni yo!- matándose por una copia en VHS de El dentista 2), en un intento desesperado por quitarse de encima al formato de turno.

Así que, amigos, ya pueden conservar sus VHS bajo llave y sacarlos para maravilla de sus nietos o venderlos a un museo de rarezas. Si además poseen BETA y LaserDisc (le pese a quien le pese, el precursor del Blu Ray), no sólo les maravillarán: ¡Quedarán como auténticos pringados! ¡Viva la nueva generación! ¡Viva y bravo! Y ahora, si me perdonan, voy a seleccionar las cintas de video que tragarme en nochevieja. Dios salve a la reina.


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Navideñas noticias: ¡Watchmen! ¡Juez Dredd! ¡Narnia 3! ¿A quién le importa?


Parece ser que en Navidad, todo está tranquilo… ¿Todo? ¡No! ¡Un pequeño grupo de productores de Hollywood se dedican a animarnos con noticias de todo tipo! ¡Gracias, tipos raros con chistera!

En primer lugar, hay que hablar de Watchmen y de la FOX. Ya sabéis, Watchmen, la obra maestra de Alan Moore que ha sido llevada al cine como si fuera el típico cómic de superhéroes (cuando es todo lo contrario). Para hacer un resumen rápido, Warner rodó la película sin fijarse en quién demonios tenía los derechos de distribución. O sea, consiguieron los derechos para hacerla pero no para venderla. Bravo. La pregunta es… ¿NADIE se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde? ¿Nadie tuvo la decencia de acercarse y decir “Eh, FOX tiene los derechos de distribución y si no nos aliamos con ellos nos espera una buena”? ¿En serio? ¿A cuanta gente han despedido por la tontería? Sea como sea, FOX ha ganado el juicio (obviamente) y es posible que la película se distribuya dentro de un par de añitos. O, si todo sale bien y mis planes malvados de destrucción de celuloide malo se cumplen, nunca. En serio, ¿habéis visto los trailers? ¿Habéis visto lo que DICEN en los trailers en las partes no calcadas del cómic? Esto no pinta bien, no. Pinta tan mal que da vergüenza ajena, así que no se quejen. La FOX nos está haciendo un favor a todos.

Más o menos igual que Disney, que ha dicho que la tercera parte de Las crónicas de Narnia la va a financiar la abuela de John Lasseter haciendo frubidú. Normal, por otro lado, viendo que El príncipe Caspian no resultó rentable. Así, La travesía del viajero del alba, que es el espectacular –entre espectacular y ridículo, al menos- nombre de esta tercera parte, es posible que no llegue nunca a estrenarse en 2010, como se prometía Walden Media, la otra productora encargada del asunto que ahora tendrá que buscarse a otro pardillo que quiera invertir en su manida y aburrida saga (no lo digo por los libros, fans literatos. Saben que lo digo exclusivamente por las soporíferas películas. O eso digo para que no me salten a la yugular). ¿Será este el fin precipitado de otra supersaga épico-adolescente como Eragon, La brújula dorada o Un puente hacia Terabeithia? Pues oigan, a ver si es verdad. Ni que no tuviéramos bastante con Harry Potter.

Aslan en Las crónicas de Narnia 3. Apenas se notará la falta de presupuesto.

Y, para terminar (que esperaban, es navidad. Los productores también tienen derecho a enfadarse con su familia), vamos con otra noticia bomba. ¡Vuelve Juez Dredd! La mediocre película basada en los mediocres cómics parece ser que tendrá secuela (o, como se prefiere decir ahora, reinvención) de la mano de la editorial de cómics Rebellion Developments (que, obviamente, publicó la antología de Juez Dredd) y de la productora de Sunshine y 28 días después. De momento poco más se puede decir, salvo que van a hacerla. Espero que sea mejor que la original de Stallone, aunque tampoco es mucho pedir. Más que nada porque la original de Stallone era peor que tomarse doce melones en vez de doce uvas.

Mañana, más metáforas navideñas cogidas por los pelos. Stay tuned.


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Nominaciones de los Goya 2009: ¡El humor y la risión! (y 2)


¿Qué tal el turrón? ¿Y los mazapanes? Sobre los polvorones mejor ni hablar, que se te quedan en la garganta y se pegan al paladar. Dan poca sensación de gustico. Igual que los Goya. ¿Se acuerdan que estábamos hablando de ellos cuando nos tomamos unas merecidas vacaciones para estar con familia y amigos? ¿Preparados para cientos de referencias más a Nacho Vigalondo y sus secuaces, poniendo a parir a los tipos que están en la cima? ¿Sí? Pues echemos un vistazo al resto de nominaciones que nos quedaban, porque algunas son de triple órdago. Si es que existe algo así.

Mejor actor secundario: Que, en España, para desmarcarnos de esos sucios yanquis, hemos dado en llamar “mejor interpretación masculina de reparto”. Que se note que somos diferentes. Oh, yeah. Aquí, donde también podría haber estado el enorme Mariano Venancio (no me cansaré de recomendar su actuación de Camino, punto álgido de su carrera y del cine español de este año) o el mediocre Javier Bardem (aunque él me parezca un soso a las cuatro y en Vicky Cristina Barcelona no haga nada del otro mundo, es superior a la mitad de los nominados), han preferido nominar a Jordi Dauder por Camino (nominar a este perfecto desconocido cuya actuación nadie destacó y no nominar a Venancio es un acto que sólo me explico habiendo elegido a los actores al buen tuntún), Fernando Tejero por Fuera de carta (donde hace de divertido estereotipo andaluz. Sin duda, se merece un Goya por esto), José Angel Egido por Los girasoles ciegos (había que poner a alguien de la película en cuestión, más que nada por rellenar hueco y no pensar) y José María Yazpik por Sólo quiero caminar (lo que dijimos de Diego Luna el otro día, se puede aplicar aquí). Incomprensible y bochornoso.

Sólo quiero caminar

Mejor actriz secundaria: Supongo que no hay que quejarse. Que son grandes profesionales y hay que reconocérselo. Pero no nominar a Manuela Vellés (la hermana de Camino) tiene delito, más aun cuando las nominadas son Elvira Mínguez por Cobardes (curiosamente, el papel menos emocionante de la película. ¿Dónde ha quedado el protagonista, o su antagonista? ¿Dónde Paz Padilla, le pese a quien le pese? ¿Dónde el padre malvado? ¿Por qué no se ha nominado más en el plano interpretativo a una película sustentada en…el plano interpretativo?), Rosana Pastor por La conjura del Escorial (que no discutiré por no haber visto la conjura en sí, igual que toda España), Tina Sáinz por Sangre de mayo (“¡Eh, que Garci ha estrenado peli nueva!”-“¿Y qué tal?”-“Es un truño”-“Pero es colega. Coge siete nominaciones al azar y ponlas por ahí”-“¡Me encantan los Goya!”) y Penélope Cruz por Vicky Cristina Barcelona (totalmente de acuerdo. El papel de loca que se cree artista y sale con Javier Bardem aunque a todos les extrañe le pega como anillo al dedo. Sin coñas).

Mejores efectos especiales: Se nota que en España aun no tenemos mucha idea de lo que son los efectos especiales. Los académicos se deben creer que son los títulos de crédito o algo así, porque si no, no se entiende. Sí, vale, han nominado a Camino (¡como para no! La escena en la que un agujero gigante se abre en mitad del mar es lo más espectacular visto en el cine español jamás) y a Mortadelo y Filemón 2 (por muchas dudas que tenga sobre si merece estar no ahí, sino en algún sitio que no sea una gran hoguera), pero por dios. Que las otras dos nominadas son Sólo quiero caminar (Hay disparos, tiros y cosas que hacen pum, luego seguro que merece estar ahí. Por qué no) y, atención, Sangre de mayo (lo nuevo de Garci, ahí, partiendo la pana en efectos especiales. Tiembla, WETA, tiembla). Sólo quiero decir una cosa: En 3 días, un meteorito gigante acababa con toda vida humana. ¿Lo vuelvo a repetir? UN PUTO METEORITO GIGANTE. Y se veía. Y era un efecto especial más que solvente. Que no esté nominada significa, o bien que los académicos no se han visto la película, o es que el amiguismo les tira hasta para las cosas más absurdas.

“¿Qué tiene Garci que no tenga yo, aparte de calva?”

Mejor película europea: Cada vez, esto de lo europeo se hace más raro. Lo que debería ser una película francesa, una italiana, una de Oliveira y otra del Reino Unido, se ha transformado en “mejor película que nos salga de los testículos y que tenga un uno por ciento de capital de algún país de la Unión Europea, por muy remoto y escondido que este sea”. Así, este año están nominadas la soporífera 4 meses, 3 semanas y 2 días (que encantó a los críticos, supongo, por los cinco minutos enfocando a unos pies en primer plano y en total silencio), Al otro lado (una alemana, vale), El niño con el pijama de rayas (que sí, que será del Reino Unido, pero parece más americana que otra cosa), y atención, prepárense, cójanse bien en donde estén apoyados. La cuarta nominada de los Goya este año para mejor película EUROPEA es… ¡¡EL CABALLERO OSCURO!! ¿Pero qué demonios…? O EEUU ha pasado a usar el euro como moneda comunitaria, o es que Nolan era portugués y no lo sabíamos, pero esto no tiene ni pies ni cabeza. ¡El caballero oscuro, por el amor de dios! ¡Batman! En fin. Y encima, como no se lo den siendo de calle la mejor de las cuatro, todos señalaremos a la Academia y nos reiremos de ellos haciendo pedorretas. Otra vez.

En fin. Para qué decirles más, se hacen una idea del despropósito de este año. 15 nominaciones a Los girasoles ciegos (más que ninguna otra película española antes. ¿Le convierte esto en la mejor película del cine español? Permítanme que discrepe), 11 a Sólo quiero caminar (Hola, me llamo Agustín Díaz-Yanes y hago bazofia con un bonito envoltorio. ¿Me dan once nominaciones? ¿No? Va, que soy colega), 7 a Camino (obviándose las más importantes…aunque por suerte hayan nominado a Nerea Camacho y no se la han dejado en el tintero, que sería ya para asesinar a la Academia en pleno) y 6 a Los crímenes de Oxford (la peor película de Alex de la Iglesia, nominada, precisamente, a lo peor que tenía: Película, director -¡ese travelling!-, guión adaptado –espero que el libro fuera mejor, porque si no, no se explica-, música –esta sí, vale. Roque es grande-, dirección de producción –ese Goya que nadie sabe muy bien qué es- y montaje –por la bochornosa escena del tejado, supongo-) hacen que esta edición de los Goya haya sido un paso de gigante hacia atrás. Los nuevos valores han quedado en una esquina, tirados. Nacho Vigalondo se ha llevado una puñetera nominación después de ganar premios y premios, después de que su película haya sido comprada para un remake. Cobardes, la emocionante cinta de Corbacho y Cruz, se ha conformado con una nominación a la mejor actriz secundaria (¿Y el actor revelación? ¿Y Padilla? ¿Y guión original? ¿Y dirección? ¿Qué ha ocurrido con Cobardes?). 3 días una a mejor sonido (precisamente algo en lo que la película andaba coja), aunque por lo visto su director, antes de las nominaciones, tenía mucha ilusión y creía que iba a ser nominado a mejor película. Pobre iluso.

¿Los cronocrímenes de Oxford? Pero si es una puta mierda, que ni se entiende ni nada.

Luego se extrañan de que los nuevos talentos del cine español cojan la maleta y se vayan a EEUU a hacer sus películas, de que los actores emigren lo antes que pueden. Es normal. Con el nulo reconocimiento que se da en España a las obras originales que pueden suponer un antes y un después, el paso obvio es marcharse a un lugar donde realmente acojan con los brazos abiertos a los nuevos directores con capacidad para contar historias, marchándose de un sitio donde sólo ganan premios “los de siempre”. Garci, Yanes, Almodóvar, Amenábar, De la Iglesia y, por bien que me caiga, Fesser. Y, para colmo, tienen las narices de nominar a Vicky Cristina Barcelona, como diciendo “fuera sí que se hace buen cine. Aprended, directores noveles”. Yo, si fuera Vigalondo o Gutiérrez, mi próxima película la iba a hacer en España Rita Irasema. Y más aun cuando, en el caso de uno, los Coen se lo están rifando, y en el caso del otro, los americanos se han fijado en su película. Sin problemas para financiarla, sin problemas para distribuirla (Los cronocrímenes se distribuyó cuando se anunció el remake americano. Tan triste como suena), sin tener que aguantar la tiranía de los Goya. ¿Recordamos de nuevo el caso de 7:35 de la mañana? Jamás se ha visto mayor desfachatez y tirria por un director en la historia de los Goya.

Ya sabéis, directores del mañana: Poneos las pilas. Empezad a lamer traseros, a seguir a los grandes nominadores, sed hijos de alguien que es hijo de alguien, convertiros en Agustín Díaz-Yanes. Es la única opción de que os reconozcan en unos premios que, espero, se llamen “Premios Colega” en la edición de 2010. Y en cuanto a los actores, tened suerte en la Ruleta de la Fortuna, versión Goyas. O sea, te puede tocar a ti, actor que hace la actuación más emocionante de año… ¡o al secundario sin importancia que tienes al lado! ¿No estáis emocionados? Ah, ¿que no? Vaya por dios. Por lo menos, Jaime Rosales no ha tenido oportunidad este año de salir victorioso con su polivisión.

Al final, lo de siempre, seguro: Una gala en la que todos lloran por el cine español y apenas se hacen bromas (¿Bromas en España? ¿A costa de las películas? ¿Donde crees que estamos, en EEUU?), 10% de audiencia y la conclusión de que a la gente no le gusta el cine español, ay, qué pena. El año que viene innovaremos menos aún, a ver si así pillamos a las nuevas generaciones. Qué triste, señores. Qué triste.

Hablamos de la gala en el 2009. Mientras, mañana empezamos un repaso a lo mejor y lo peor que nos ha dado este 2008 en cuanto a cine se refiere, claro está. O sea, una lista de las mejores y las peores películas… que hayamos visto. Tampoco nos pidan mucho más. Y, justo después, un recopilatorio de lo que nos espera en este año entrante, que no es poco… ni demasiado bueno.


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Nominaciones de los Goya 2009: ¡El humor y la risión! (1)


¡Ya llegó la Navidad! Y con ella, los polvorones, los atrasos al escribir artículos para Cine Online (uno no puede estar ya con su familia ni nada, snif), el turrón duro, el blando y el que gusta a todos, los mazapanes, las películas navideñas altamente hostiables (“¡Papá, mamá, gracias a Santa Claus he comprendido el verdadero sentido de la Navidad!”) y los cines abarrotados de gente deseosa de reírse de la crisis con unas buenas palomitas XXL y tanta Coca-Cola que podría hacer que Lenin resucitara y bailara un Kasachov. Pero, ¿es todo bondad, buen rollo y Cortylandia en las navidades de 2008? ¡No! ¡Un grupo de encapuchados, conocidos como “Los Académicos de La Academia” se han dedicado a aguar las Navidades a todo cinéfilo que se precie! Y es que, amigos y amigas, han llegado los Goya. Y ha sido para quedarse. Por lo menos hasta que se repartan en la gala –aburridísima, como todos los años desde que se marchó Rosa María Sardá- y luego se olviden. Como todos los malditos años. No conozco unos premios que indignen más y se recuerden menos. Hoy, sí, vamos a hablar de las nominaciones de los Goya. Que ya iba siendo hora.

Cierto, el mismo día que salieron podría haber escrito airadamente cagándome en los putos muertos de los académicos, pero uno no es así. Tampoco es tema, que con la sangre caliente se dicen cosas de las que te puede arrepentir. Ahora, varios días después, puedo mirar desde la distancia las nominaciones y cagarme a gusto en los putos muertos de los académicos. Pero con sangre fría, premeditación y alevosía. Y es que este año no ha sido un mal año para el cine español. Hemos tenido un par de óperas primas interesantes, como Los cronocrímenes y 3 días, y buenos filmes como No me pidas que te bese porque te besaré o Cobardes. Por supuesto, la Academia ha cogido todas las propuestas novedosas e interesantes, ha hecho una divertida bolita de papel y la ha tirado a la papelera más cercana.

Ni en las tiendas de decoración más horteras venden algo tan feo

Los cronocrímenes, una nominación (tampoco es de extrañar: Hay manía contra Nacho Vigalondo, que ni siquiera ganará el goya a director novel. Casi debería dar gracias por estar nominado vaya, que ya es más de lo que consiguió su corto 7:35 de la mañana), 3 días, otra (a mejor… ¡sonido! No importa que haya un meteorito gigantesco a punto de aplastar el planeta, uno de los mejores efectos especiales jamás vistos en el cine español. Sin duda, lo que destaca de 3 días es su sonido y no los efectos o la portentosa dirección novel), No me pidas que te bese…, cero (como debe ser. Como todos sabemos, Los girasoles ciegos se merece quince y esta cero) y Cobardes, una (y además, inmerecida). La Academia, en vez de premiar a las propuestas novedosas y valientes, han mirado a lo viejo, ajado, típico y tópico, aburrido y prescindible. En vez de mirar hacia Nacho Vigalondo, han mirado hacia Agustín Díaz-Yanes. En vez de mirar al meteorito, han mirado a Oxford. En vez de mirar al futuro, se han anclado en los noventa. Luego se quejarán de que los nuevos valores se marchan a Hollywood a probar suerte. Pero veamos una por una las categorías más importantes.

Mejor película: Este es el mayor despropósito que he visto en años. Si alguien me dijera que sólo una de las cuatro películas iba a merecer estar ahí, no me lo creería, pero es así. En primer lugar, tenemos Camino. No hay ningún problema con la nominación, es una gran película con una actriz principal bestial y unas actuaciones –Mariano Venancio a la cabeza- no de Goya: de Oscar. El tema que trata está bien tratado y es muy correcta en cuanto a dirección. Vale. Ahora empieza el despiporre. En segundo lugar, tenemos a Alex de la Iglesia con sus Crímenes de Oxford, su peor película de calle con planos tan vergonzantes como el travelling que no viene a cuento de nada o la escena del tejado –sin más comentarios, vaya-. Historia tópica, mal dirigida y sin aliciente alguno. Por si fuera poco, la mano del director apenas se deja intuir en un par de escenas cogidas con pinzas. Si la Academia cree que merece estar ahí, será por algo. Supongo. No se por qué, eso sí. ¿Será por su trailer a lo Código Da Vinci? En tercer lugar, Los girasoles ciegos. Y es que no podía faltar la película de turno sobre la posguerra, tan correcta como olvidable, de no ser porque se han sacado de la manga 15 nominaciones que le quedan, a todas luces, enormemente mal. Sí, vale, es el guión póstumo de Rafael Azcona, pero ¿realmente esas 15 nominaciones eran necesarias para hacerle justicia? Si gana, será un premio al continuismo y un aliciente para que se sigan produciendo aburridas historias de posguerra. Ni que la gente no estuviera aburrida de ellas, oigan. En cuarto y último lugar, Sólo quiero caminar, de Agustín Díaz-Yanes. Sintiéndolo mucho, de este señor me desapunté después de su catastrófico Alatriste. Dicen que Sólo quiero caminar es, si cabe, aun más mediocre, por lo que se entiende que esté ahí por la misma razón por la que estuvo Sin noticias de Dios: Debe hacer unas mamad paellas fabulosas a los miembros de la Academia. O sea, los cuatro nominados han sido los de todos los años: La polémica, la comercial, la de la guerra civil/posguerra y la de Agustín Díaz-Yanes. Por qué cambiar. Ah, por supuesto, los nominados a mejor director son los respectivos de mejor película. Para qué vamos a nominar alguna película de un novel, si no tienen ni idea de coger una MiniDV.

Y yo huir. Muy lejos.

Mejor dirección novel: ¿Qué? ¿Que Francisco Javier Gutiérrez ha dirigido una película tan original –y algo fallida, para que negarlo- como 3 días? ¿Que era su primer filme y parecía propia de un veterano? ¿Que si la hubiera dirigido Alex de la Iglesia se les haría a todos el culo Pepsicola? Pues hala, si es tan bueno, ¿qué pinta en los Goya? Este razonamiento es el único que se me ocurre para dejar fuera al director de la genial 3 días fuera de la carrera por la dirección novel. Vaya, por lo menos su película se ha estrenado. Pero no, claro que no. Es mucho más normal darle una nominación a El truco del manco, que debe estar cogiendo polvo en algún almacén, y a Un novio para Yasmina, que está nominada por eso de no parecer racistas. Una película sobre marroquís. Hostia, tú, rebajémonos. La competición real, por suerte, está entre Belén Macías, que ha realizado El patio de mi cárcel (una historia de mujeres, feminista, a la que sólo le falta estar patrocinada por el ministerio de –ejem- Igualdad, en plena época de lo políticamente correcto. ¿Alguien duda quién va a ser la vencedora?) y Nacho Vigalondo, autor de la infravalorada y brutal Los cronocrímenes (ganadora de varios premios internacionales, con un presupuesto ínfimo, original, aire fresco…¿Alguien duda quién va a ser la vencedora?). Desde aquí, todos los ánimos para Nacho. Que piense que por lo menos, los cócteles de después son gratuitos.

Mejor actor: Atención, que empieza el humor. Pero humor del de descojonarse, mandíbula fuera y muerte por carcajada. Porque el primer actor ESPAÑOL nominado en esta categoría es…atención…¡Benicio Del Toro! ¡Bravo! Ya puestos, podían haber puesto a Elijah Wood por Los crímenes de Oxford o, sin cortarse un pelo, John Malkovich por El intercambio. A estas alturas, lo que menos importa es que las nominaciones tengan algún sentido. Es que Benicio Del Toro. Es para enmarcarlo y aplaudirlo. Un tío al que le cuesta hablar español, nominado a mejor actor por hacer de Che Guevara en una película dirigida por Steven Sodderbergh y guionizada por Peter Buchman. Eh, la música la hacía un español de pura cepa. Ahí está la conexión. Madre mía. Además, están nominados Javier Cámara (¿por Los girasoles ciegos? ¡No! ¡Por la mediocre y mil veces olvidada Fuera de carta! ¡Toma ya!), Raúl Arévalo (por Los girasoles ciegos, esta vez sí) y Diego Luna (por Solo quiero caminar. Qué buen actor es Diego Luna. Casi tan bueno como Sergio Peris-Mencheta o los protagonistas de Física o química. Casi.). Paso de comentar que Mariano Venancio no está en la lista y es el mejor papel que nadie ha hecho este año (ese padre amantísimo es, sin duda, el gran personaje en el cine español de 2008). Para qué, si no podemos poner cordura en unas nominaciones que cogen a Benicio Del Toro y le ponen como actor español. Madre mía. Que locurón, que diría Borja Pérez.

¡Flipa, flipa! ¡Que me han nominado a mejor actor por una peli que no he hecho! Verás cuando se lo cuente al josebas…

Mejor actriz: No, aquí no está nominada Scarlett Johansson por Vicky Cristina Barcelona (¿creéis que es un caso muy diferente al de Del Toro? Porque sería igual), sino cuatro actrices españolas de pura cepa. Podemos tener nuestras diferencias pero, en general, no tengo demasiada queja aquí. Carmen Elías por Camino, un gran papel aunque peor que el de Venancio, el vencedor moral, Verónica Echegui por El patio de mi cárcel (también fue nominada por Yo soy la Juani. No se puede decir que de mucha credibilidad a los Goya), Maribel Verdú por Los girasoles ciegos (Verdú tiene un pase VIP. Película que hace, aunque sea un cagarro, película en la que está nominada. Así da gusto, teniendo colegas dentro de la Academia) y Ariadna Gil por Sólo quiero caminar (lo de siempre: Hay que nominar a Yanes a todas las categorías posibles. Si hemos nominado a Diego Luna, ¿cómo no vamos a nominar a Ariadna Gil?). No problemo.

Mañana pegamos un repaso rápido al resto de nominaciones, nos reímos de los efectos especiales y del mejor montaje, nos partimos a costa de El caballero oscuro, hacemos nuestra quiniela, damos unas conclusiones finales y dejamos de hablar de los Goya hasta que llegue la gala. Manda cojones, oigan. Manda cojones.


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Di que no: ¡Estrenos de la semana!


¿Qué tienen en común un tipo que siempre dice que sí, una madre que ha perdido a su hijo y un ratón con las orejas enormes? Sí, vale, que una peli sobre una madre que ha perdido a su hijo y le confunde con un ratón con las orejas enormes sólo podría ser aprobada por un tipo que siempre dice que sí, ¡pero también que forman parte de los estrenos de esta semana! ¡Los habrán leído en más sitios, pero ninguno ha tenido tantos problemas para escribir últimamente como el menda!

DI QUE SI

Cuando le propusieron practicar la sodomía zoofílica, El hombre que siempre decía sí tuvo que huir a su lugar feliz.

Jim Carrey cae bien al 95 por cien de la gente. Luego hay un cinco que nunca le perdonará Un loco a domicilio y el histrionismo de sus primeras películas (que sí, que serían moralistas, que eran sólo para el lucimiento de Carrey, que eran comedietas tontas, pero me cortaría un brazo ahora mismo por reírme tanto como me reí viendo Mentiroso compulsivo por primera vez), pero la minoría nunca marca la pauta. Y menos desde que Carrey se ha intentado reconvertir en actor serio e incluso ha sonado para el Oscar (imperdonable esas no-nominaciones por El show de Truman, Man on the moon y Eternal sunshine of the spotless mind). Por si fuera poco, el actor intenta hacer sonreír tanto a los que creen en su futuro como actor como a los que disfrutaron de él en comedietas idiotas. Así, va intercalando El número 23 con Dick y Jane, ladrones de risa, The majestic con Como Dios o Man on the moon con Yo, yo mismo e Irene. A esto se le llama un actor polifacético, coño. Puede que no sea el mejor del siglo XXI, pero pocos caen igual de bien.

Ahora estrena una nueva película del género “comedieta en la que pone muchas caras pero es tan buenrrollista que le perdonamos todo”, Di que sí. Lo sabrán por sus múltiples trailers televisivos (hace tiempo que no veía una campaña de promoción tan grande en España por una película. ¡Si hasta Carrey ha venido a Madrid a darse un paseo y asistir a los premios 40 principales!) y porque la gente sale de la sala con una sonrisa de oreja a oreja. Dicen los que ya la han visto que, de tan puramente sin pretensiones, resulta simpatiquísima y apta para todo tipo de personas de cualquier tipo de edad. Y qué quieren que les diga, hace tiempo que no salgo del cine con una sonrisa de oreja a oreja después de haber echado las cinco carcajadas de rigor y haberme enternecido –un poco, solo un poco- con el final del filme. Lo mismo hasta merece la pena, por mucho que el filme trate, simple y llanamente, sobre un tipo que decide decir que sí a todo. Por supuesto, no faltará la típica persona que se queje porque Carrey no haya vuelto a hacer un Show de Truman o un Man on the moon. Calladle la boca con argumentos. No hay nada peor que un purista cerrado de mente.

EL INTERCAMBIO

¿Le importará a Brad si me llevo otro crío para casa? Total, es por hacer bulto…

Creo que no me dejé nada que decir en mi crítica del miércoles. Un Eastwood en perfecto estado de forma al que le flaquea el repetitivo guión de Straczinsky y unos actores que parecen gritar “¡Oscar! ¡Globo de oro! ¡Un Goya por lo menos!” en cada frase. No se dejen engañar por los trailers ni por los críticos sesudos que dicen que Vicky Cristina Barcelona es excelsa: El intercambio es un trabajo menor de Clint, tan olvidable como decepcionante. Pero bueno, por lo menos no aburre del todo en ningún momento.

EL VALIENTE DESPEREAUX

¡Venga, todos a la vez!: ¡¡AWWWWWW!!

Otra que ya hemos tenido oportunidad de ver en pase de prensa y que ampliaremos el miércoles. Eso sí, ya avanzamos que es un filme sorprendentemente bien hecho para ser una película de dibujos animados en 3-D y no de Pixar o Dreamworks, y, en cuanto a historia, le pega una buena pasada a tonterías como Shrek 3 o Madagascar 2. El valiente Despereaux cuenta con una historia de corte clásico, detalles muy sorprendentes (¡y divertidos!) en ocasiones, un increíble diseño de escenarios, algunos travellings que harían palidecer de envidia a Dreamworks y el personaje principal más carismático que hemos visto desde… desde… bueno, vale, desde Wall-E. Pero es que es jodidamente imposible superar al robotito.

La historia es muy simple: Cuando la reina de un lejano país que basa su negocio y su fama en la sopa muere por culpa de ver una rata en ésta, el rey decreta que no se podrá tomar más sopa ni tener ratas y que quien lo haga será encarcelado. A partir de ese día, el reino se sume en una profunda desesperanza, el cielo está gris todo el día y nadie hace nada para cambiarlo… Años después, el ratoncito Despereaux es un diferente a los demás, ya que no tiene miedo de nada ni de nadie. Tras leer un libro de literatura caballeresca, Despereaux conoce a la princesa y decide salvar el reino por sí mismo. Una bonita historia que, obviamente, tiene sus pegas, pero a la que cuesta encontrárselos (quizá la voz de Emma Watson, que suena excesivamente forzada, y alguna que otra elección de casting que se perderá con el doblaje). Una gratísima sorpresa con una notable animación. Hala, ya sabéis que ver estas navidades.

OTROS ESTRENOS

COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO: Pues nada, el título ya lo dice todo. ¿Para qué ir al cine a ver a Vince Vaughn y Reese Witherspoon haciendo el idiota en cuatro –sí, cuatro- reuniones familiares pudiendo estar en casa con la propia? Ah, vale, sí. Por eso. Ya sabéis: Tontería navideña con pretensiones de no serlo –que estas son las peores- que no hará ni que esbocemos una sonrisilla con actores de primera línea degradándose a sí mismos (¿qué demonios hacen en el reparto Robert Duvall y Jon Voight?). Lo dicho: Como en casa, en ningún sitio.

PROTEGIDOS POR SU ENEMIGO: ¿Se acuerdan que hace poco pusimos a The wicker man en el puesto número 2 de los peores remakes? Pues ahora su director, Neil LaBute, viene a cobrarse su venganza con un filme en el que su protagonista es, agárrense los machos, Samuel L. Jackson, la persona que acepta cada guión que cae en sus manos, trate de lo que trate (“Y aquí haces de un narcotraficante que…”-“¡La haré!”-“Y aquí de un follacabras que…”-“¡La haré!”-“Aquí haces de un coleccionista de arte asiático de raza caucásica”-“¡La haré!”-“Sigh”). Y en este caso no se debió leer mucho el guión, porque da un poco bastante de vergüenza ajena: Una familia que se acaba de mudar se da cuenta de que caen mal a su vecino, el policía del barrio, que empezará a acosarlas. Emoción, intriga, dolor de barriga. Seguir las indicaciones de la película de arriba.

ESTÓMAGO: Película brasileña (sólo por eso, ningún crítico la suspenderá y se convertirá en una “obra de culto”) que narra la historia de un cocinero en la cárcel que debe aprender a defenderse, por lo que las cosas que sabe de gastronomía le serán muy útiles. Parece ser que es más simple de lo deseado y menos interesante de lo que podría haber sido si un director arriesgado estuviera detrás de las cámaras. Y con todo lo que hay que cocinar para el día 24, cualquiera va a ver esta mediocridad, oigan.

WINX: EL SECRETO DEL REINO PERDIDO: El destino de un reino está en manos de una joven chica: Bloom, el hada con el símbolo del dragón. Ella, junto a sus amiguitas del Club Winx, debe entrar en la dimensión oscura y luchar contra el mal absoluto (por dios, ¿quién puso estos nombres?) para resucitar a sus padres y revelar el misterio de sus orígenes. Fíjate tú. No hay huevos de verla, ¿eh? Ya me lo imaginaba yo.

Atentos todos al conejito y al gatito felices pegando saltitos. Oro puro.

¡Y mañana o esta noche comentamos las nominaciones de los Goya, que tienen cojones!


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[Preestreno] El intercambio: ¡Denle un Oscar a la pobre muchachuela!


¿Quiere ganar un Oscar? ¿Se dejó algo por decir la última vez que subió a coger la estatuilla? ¿No le dio las gracias a su prima Cristina? ¡Con el nuevo método “Clint Eastwood” podrá usted conseguir lo que quiera con tan sólo una película! ¡Ya tenemos varios clientes satisfechos! ¿Ven a esta rolliza mujer con labios que parecen salchichas Campofrío? Es Angelina Jolie. ¡Un aplauso para Angelina! Angelina ya ganó un Oscar haciendo de loca en Inocencia interrumpida, pero quiere repetir en cuanto pueda. Y haciendo cosas como 60 segundos, Tomb raider o Wanted no tiene pinta de que vaya a volver a conseguirlo. ¡Por suerte, el método “Clint Eastwood” volverá a poner a la actriz donde se merece en tres sencillos pasos! ¿Quieren saber cuáles? El primero es ponerse en la piel de una “madre coraje”, de estas que luchan por su hijo hasta las últimas consecuencias. Los estudios dicen que los académicos de Hollywood se ablandan cuando ven a una madre luchar por un niño, aunque el niño sea repipi y la madre de bastante grima. El segundo, hacer de loca. En la misma película, por ejemplo. Puedes ser una madre coraje y estar como una regadera. Además, Angelina Jolie ya ganó un premio por esquizofrénica, ¿por qué no va a llevarse otro por lo mismo? Está visto que hace muy bien de loca. Casi como si fuera natural en ella. El tercer paso es el de ponerse a las órdenes de un director reconocido al que nadie se atreve a toserle y hacer una película de más de dos horas. ¡A los académicos les gusta pasar mucho tiempo en el cine sintiéndose mucho más inteligentes que la media! Dentro de poco veremos si el método “Clint Eastwood” funciona como creemos que funciona. De momento, ustedes mismos pueden juzgar con El intercambio, el nuevo filme del vetusto director que, contra lo que puedan pensar algunas mentes perversas, no trata sobre aquella noche loca que pasaron Jolie y Pitt con el matrimonio vecino, sino del dolor de una madre y esas cosas que supuestamente gustan tanto a las personas de todas las edades. Si es que nos gusta sufrir.

¿Está el enemigo? Que se ponga.

1928. Angelina Jolie es una madre soltera (el padre les dejó, y no me extraña. Yo también dejaría a Angelina Jolie por miedo a que un día me absorbiera con los labios y me dejara para el arrastre) con un niño repipi-asqueroso, de esos que dan ganas de patear por la calle. La madre, que va buscando que alguien rapte al chaval, le deja tirado en casa mientras ella se marcha a hacer horas extra (sin canguros, ni casas de vecinos, ni leches. Tú quédate solo, hijo, que tienes seis años y por tanto ya te sabes cuidar. ¿Quién te va a secuestrar? ¡Ni que estemos en una época peligrosa!). Al volver, oh sorpresa de sorpresas, el crío ha desaparecido. Lo busca, lo rebusca, llora mucho, grita “Alguien ha cogido a mi hijo” al mejor estilo Michael Dawson (el de Lost, vaya, para quien no lo sepa) y, finalmente, se tira de los pelos muy mucho y llama a la policía.

Pasan los meses y Angelina sigue intentando encontrar a alguien que conozca a su hijo o le haya visto por la calle. Finalmente, alguien le avisa: Eh, tú, Angelina. Que hemos encontrado a tu zagal. Angelina llora otra vez –más que nada porque la película parece que ha sido patrocinada por una marca de cebollas- y va a la estación, solo para descubrir que el niño que han encontrado se parece a su niño lo que esta película a Armageddon. Poco a poco va recolectando evidencias: Que si mide menos, que si se ha hecho la circuncisión, que si tiene una dentadura diferente a la de su hijo… en fin, todo menos encontrar una foto, enseñársela al policía y demostrar de una vez por todas que su hijo no es ese chaval. La policía niega una y otra vez la petición de auxilio de Angelina (que, a todo esto, sigue llorando mucho) y le meten en un manicomio.

¡Ay, viagra sans ordonnance que me he dejado abierto el gas!

Aquí empieza una parte de la película realizada exclusivamente para el lucimiento de la Jolie: La madre desesperada, doblemente desesperada en un psiquiátrico. Que sí, que es muy emocionante, una actuación perfecta y está basado en hechos reales, pero es el giro argumental más absurdo de los últimos años (¡Oh, dios mío! ¡Es posible que la Jolie no gane un Oscar si simplemente llora! ¿Y si…mmmmh…la volvemos falsamente loca?). Sale del manicomio y llega la parte más divertida de la película: Los cuatrocientos finales. Cuando crees que la película está a punto de terminar, Eastwood se saca otro final más de la manga. Cuando crees que queda poco para que el terror de la Jolie se esfume, de pronto vemos que aun le queda un rato para terminar. Y así hasta que llega un final que podría haber sido puesto ahí, cinco minutos antes o cinco minutos después, cuando la historia de la madre sin su hijo ya nos importaba a todos medio carajo. Conste también que me he saltado la parte más importante (¡e interesante!) de la historia para no spoilear a la gente. Que luego se me quejan.

Las cosas, como son: Eastwood hace un papel modélico tras las cámaras. Es cierto que esto no es ninguna sorpresa, porque raro es que el afamado director ponga un plano donde no es, haga una secuencia mal o trate de manera incorrecta una historia. Los genios son genios siempre, y Clint se ha ganado el calificativo a golpes de razón. El intercambio es perfecta en lo técnico, ideal, imposible de poner pegas. Todo en ella rezuma perfección. Tanta perfección que resulta casi hasta molesta. Tanto clasicismo que resulta casi hasta doloroso en el espectador, cada vez más acostumbrado a planos que no duren más de cinco segundos, y sólo si hay una explosión por el medio. Todo me parecería maravilloso en el filme si no fuera porque el propio Eastwood pone el logotipo clásico de Universal en el filme y al final funde a blanco y negro, como intentando decir “¡Eh, miren todos! ¡Miren qué clásica es mi película! ¿A qué esperan? ¡Adórenme, críticos y cinéfilos del mundo todo!”. Pero vaya. Impecable Eastwood.

¿Se saben ese de un fistro de la pradera que tiene un peazo de perro llamado Mistetas?

Por su parte, Angelina Jolie podría cambiar todos los diálogos que salen de su boca (básicamente “Mi hijo oh dónde está mi hijo” y “La policía es mala porque no encuentra a mi hijo”) por “Oscar Oscar Oscar Oscar Quiero ganar el Oscar”, ya que se le nota a la legua que es el único propósito por el que ha aceptado salir en un filme de este estilo. No sean malas personas, denle el Oscar a la pobre muchacha. Que ya sabemos que su actuación apenas emociona, que sólo cumple y que parece un zombie actuando, pero le ha puesto ganas. Además, es capaz de poner no una, sino DOS expresiones: “Lloro mucho porque mi hijo no está” y “Pongo cara de palo y hago como que no me pasa nada”. Increíble. Oscar inmediato.

El resto de actores lo hacen bien. Sin más. Con la excepción del reparto infantil (¿de dónde les han sacado? ¿del colegio para actores infantiles sin talento?), el resto de los actores se portan a secas: John Malkovich borda su papel –lo que tampoco es una novedad- y el resto del reparto, repleto de caras conocidas pero de nombres que no suenan ni en su casa a la hora de la cena, no desentona. Tampoco me esperaría demasiadas nominaciones para ninguno de ellos. Más bien ninguna.

El gran problema de El intercambio es que no emociona, no logra epatarnos en ningún momento, la historia de Angelina Jolie nos termina por dar absolutamente igual debido a una duración demasiado alargada (veinte minutos menos la habrían sentado de fábula). Por supuesto, ningún crítico de cine “serio” se atreverá a deciros esto, pero la verdad: No es tan buena como os la van a pintar. Sí, es una buena película en lo técnico, pero a la hora de ceñirnos a la historia, Straczinsky (ese que todos deseamos que vuelva a las páginas de Amazing Spiderman) no ha sabido donde terminar la historia y, sin llegar a aburrir en ningún momento, sí es cierto que se vuelve repetitiva e insulsa. Una lástima, porque la película daba más de sí. Ah, por cierto. Espérense todos un final a lo Zodiac, abierto: Los que quieran un final claro y cristalino, que se abstenga de pasar por taquilla.

Estrellitas: ***
Lo mejor: La experta dirección de un Eastwood en forma. Deseando estamos de ver ese Gran Torino.
Lo peor: Las interpretaciones infantiles, ñoñas, sosas y sin alicientes.
Recomendada para: Llorones sin fronteras, fans de Eastwood y del cine clásico en general.
¡A la noche, otro artículo! ¡Estamos que lo tiramos!

 

¡Có-mo me pica la nariz! ¡Ya no lo puedo soportar!


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¡Predicador y su nuevo director! ¡Halloween y su nuevo postercín! ¡Se me acabaron las rimas novicias para las nuevas noticias!


¡Y seguimos con el juego de Hollywood! ¡Como saben, últimamente se traduce en muchos remakes hechos sin ganas, muchas secuelas hechas con un guionista asobinado y un juego de directores que luchan cada vez más por ver quién gana más dinero por hacer la chorrada más grande! Y, así de paso, escurro el bulto porque no me ha dado tiempo hoy a contarles el pase de prensa de El intercambio. Mañana por la mañana, prometido. Y a la noche, otro artículo. ¡Uauh, dos en uno! ¡Increíble! ¿Es que Cine Online no dejará nunca de sorprendernos?

Empezamos con Predicador, la adaptación del famoso cómic (y que da una tremenda pereza empezar viendo todo lo que hay para leer), que, por fin, tiene un director fijo. Tras rumorearse que Andrew Douglas (el mismo que perpetró la nueva versión de Terror en Amityville) sería el elegido, finalmente será el no menos desconocido Scott Charles Stewart el encargado de llevar la novela gráfica a la gran pantalla. ¿Que quién es este tipo? Les seré sincero: Ni la más remota idea. Tras una carrera enfocada a los efectos visuales (entre otras, de Sin city, Noche en el museo o Harry Potter y el cáliz de fuego), ahora al productor de turno le ha dado porque es capaz de dirigir una película de esta magnitud. Pero tranquilos, que la escritura del guión está en buenas manos. Cory Goodman, el mismo tipo que no ha hecho absolutamente nada hasta que le encargaron, a la vez, las adaptaciones de Predicador y de Kung Fu, se dedicará a tratar como merece una obra maestra del cómic. Muy bien, chicos. Otra película que prometía, a la lista de “no ver nunca jamás”. ¡Bravo!

Y a esa lista también se va Halloween 2, la segunda parte del remake dirigido por Rob Zombie que será dirigida, tras las negativas del mismo a rodar una secuela por mucho dinero que le dieran, por… Rob Zombie. Se ve que además de dinero le debieron dar el secreto de la vida eterna o algo así, pero el músico/director/soplagaitas se volverá a poner tras las cámaras para enseñarnos que con cuatro movimientos de cámara con parkinson puede hacer como que nos mete miedo. H2 (que queda mucho más cool que Halloween 2, a todas luces) ya tiene teaser poster y la promesa de que no será un remake de ¡Sanguinario!, la segunda parte original. Una pena, oigan. Para mi gusto era la mejor de la saga entera. Snif.

H2, retrato de un asesino. Premio para quien pille la broma.

Hablando de sagas (fíjense cómo hilo las noticias, que es un primor), ya se está hablando de Batman begins 3, Dark knight 3 o como demonios lo quieran llamar. La tercera parte de la –en un principio- trilogía de Cristopher Nolan introducirá a Catwoman, que, lejos de ser la horrenda Halle Berry en la no menos horrenda película con ese nombre, será Rachel Weisz, que muchos recordaremos por las dos entregas buenas de La momia y muchos otros porque ganó un Oscar de la manera más tonta por El jardinero fiel. ¿Introducirán a Robin en esta secuela? ¿Llegará Nolan a echar mano del catálogo de Malos Ridículos que Batman ha ido cosechando a lo largo de los años? ¿Será Rachel Weisz un motivo más para ver la tercera parte, o las comparaciones con Michelle Pfeiffer la dejarán, obviamente, a la altura del betún? La respuesta, en 2010.

Y ya que estamos con superhéroes, y por terminar con las noticias del día, tenemos que hablar de Kenneth Branagh, que ha decidido cambiar a Shakespeare por Stan Lee, algo que muchos creemos que ha sido un acierto total y absoluto. Branagh dirigirá Thor, la adaptación al cine del dios nórdico rubiales en su lucha eterna por el bien, la bondad y las cosas bonitas (normal, con un martillo como el suyo yo también, no te jode). La cosa es que Brannagh ha comentado que Thor le parece interesantísima debido a que “se trata de una historia sobre dioses, hechos extraordinarios y criaturas interdimensionales. Hay ciencia ficción y hechos científicos mezclados. Hay una historia humana en medio de un escenario épico”. El por qué esto es noticia es algo que se me escapa, pero tampoco vamos a discutir a los medios de comunicación internacionales. Brannagh ha hablado.

“¡Vengadores, reuníos! … Pues nada, que no vienen…”

¡Y mañana pondremos a El intercambio donde se merece! ¡Y hablaremos de algo que no os esperáis! ¡Todo esto y mucho más en Cine Online!


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[TOP 10] Los peores remakes de la historia (2 de 2)


Y seguimos con el top ten de remakes, algo que en España no termina de proliferar. En parte porque “rehechos” suena a sobras de la cena de ayer y en parte porque no sé quién querría rehacer Vente a Alemania, Pepe. ¡Terminemos de una vez con el sufrimiento! ¿Habrá acertado alguien el número uno? ¿Por qué faltan tantas películas? ¡Así son las listas, amigos! ¡Malas, subjetivas e inexactas!

5-PULSE

Ya no necesitan Petardas.com para ver una orgía como es debido

Pocas veces he visto en un festival de cine un abucheo mayor al que recibió Pulse en Sitges ’06. Y no es de extrañar. Remake de la japonesa Kairo, que cuenta con un buen número de fans alrededor del mundo, Pulse es el Bollycao Dokyo de los remakes. O sea, de un buen material que tiene el éxito asegurado, se han sacado de la manga un producto cutre, hecho en cinco minutos y mucho más publicitado que los dorayakis japoneses. Protagonizada por Kristen “Verónica Mars” Bell y Ian “Boone el que muere en Lost” Somerhalder –ya ven, actores con un pasado interpretativo de aúpa-, Pulse es una película que, supuestamente, da mucho miedo porque, ya saben, Internet nos matará tarde o temprano y nos dejará a todos convertidos en zombies alienados. ¡El horror! ¡Aléjense de las nuevas tecnologías! ¡Todos al campo! Pero donde en Kairo encontrábamos sutileza, terror psicológico (o japonés, que parecen sinónimos si le preguntas a un otakito cualquiera) y una historia que trataba con metáforas obvias pero en las que se podía rascar algo, en Pulse se transforma en un puño americano que nos golpea en la cara sin cesar. Es una de estas películas donde los protagonistas repiten lo que ha ocurrido veinte veces (“¡Oh, dios mío, Jimmy ha desaparecido y ahora sale en esta página web!”-“¿En esta página web?”-“¡Sí! ¡Jimmy, nuestro amigo desaparecido, sale en esta página web!”-“¿Y dices que estaba desaparecido?”) para que el espectador, obviamente idiota, no tenga que hacerse preguntas. Si aun os estáis preguntando si esta película es tan mala como parece, sólo diré una cosa: En esta lista podía haber entrado The ring, The ring 2, Dark water o La maldición, pero al final ha entrado Pulse. Morid por dentro un poco.

4-EL PROFESOR CHIFLADO

¡Eddie Murphy es negro y gordo! ¡Lo políticamente correcto hace que nos ríamos pero poquito!

Hay actores que llenan su pantalla sólo con su ego. Luego, hay actores que se creen que sin ellos, una película no puede funcionar. Luego, están los que crean religiones en torno a sí mismos. Finalmente, está Eddie Murphy. Los más habituales del lugar quizá hayan notado ya que le tengo especial tirria al actor afroamericano, pero no es solo por sus terribles actuaciones en Atrapado en un pirado (¡Ahora Eddie Murphy se desdobla en cuarenta papeles diferentes!), Superdetective en Hollywood 3 (¡Axl Foley en busca del carisma que tuvo en la primera parte!) o Doctor Dolittle (otro remake, por cierto, que manda narices). No. La razón principal de mi aborrecimiento hacia Murphy es que se atreviera a coger El profesor chiflado, la original de Jerry Lewis, la llenara de chistes de pedos, tetash y personas gordas y le quitara todos los golpes de humor de Buddy Amor para transformar al personaje en una parodia de sí mismo. El profesor chiflado moderna es a El profesor chiflado de 1963 lo que un sex shop a un cine de la transición proyectando Nueve semanas y media. Vamos, un despropósito hecho a toda prisa, casi sin guión (¡oh, miren! ¡El protagonista ha vuelto a tirarse un pedo! ¿Es que nunca parará el humor?) y con el único propósito de que el actor interprete dos papeles en uno. Por supuesto, El profesor chiflado 2 no hizo sino aumentar más y más comicidad al asunto: ¡Eddie Murphy interpreta a toda una familia de obesos! ¡Más pedos! ¡Más chistes verdes! ¡Jerry Lewis removiéndose en su tumba como sólo él sabe!

3-EL PLANETA DE LOS SIMIOS

“Helena Bonham Carter, que tiene cara monesca”

Conste que fue mejor de lo que podía haber sido. Podía haber sido una película donde un Cornelius con el pelo liso tapándole el ojo izquierdo intentara suicidarse mientras Zaius, con tijeras en las manos, nos recordara a todos que el verdadero sentido de la Navidad es ser un gótico que te cagas. Bueno, quizá aun así fuera mejor que lo que Burton nos ofreció en 2001: Una película que sólo compartía con la película original el título y el nombre de un par de personajes. Schaffner hablaba de un viaje en el espacio que acababa con un panorama desolador (¡todo había sido un viaje en el tiempo!), pero Burton no sabe de qué demonios está hablando. ¿Es un viaje entre dimensiones paralelas? ¿Es un viaje en el tiempo? Ni lo uno ni lo otro: Es un viaje hacia el interior del lado del cerebro más lento de Tim Burton, ese que rodó La novia cadáver creyendo que iba a hacer Pesadilla antes de Navidad 2 y que hizo este Planeta de los simios creyendo que iba a mejorar la original. La escena en que el protagonista, un Mark Wahlberg más desorientado que nosotros, se postra ante la estatua de un mono presidente, causó conmoción y risas entre el público y todos le perdimos el respeto a Burton inmediatamente, siendo por fin libres de decir lo que siempre hemos pensado: Que no es para tanto. Que es un goticucho de tres al cuarto. Que el pelo le queda fatal. Que Danny Elffman siempre hace las mismas canciones cansinas. Ay, qué a gusto nos quedamos todos. Si al final sirvió para algo la peliculilla y todo.

2-THE WICKER MAN

¡Huye, Nicolas Cage! ¡Que el hombre de paja no coja tu peluquín!

Nos retrotraemos de nuevo al festival de Sitges de 2006, donde, tras nueve días viendo películas sin parar y con vigas de acero en vez de párpados, nos encaminaron a todos a las 9 de la mañana a ver una de las películas más esperadas: The wicker man, el remake de la película de Robin Hardy que, vaya desde ya, es más malo que vender droga a tu abuela y decirle que son pastillas para la tos. El filme británico original es todo un clásico oculto: Una película que, poco a poco, nos iba introduciendo en los rituales de un pueblo en un crescendo que acababa sorprendiéndonos a todos, que nos veíamos indefensos ante el pasar de los hechos. El filme americano, por el contrario, nos hacía desear desde el primer minuto que Nicolas Cage muriera salvajemente. Así que, cuando pasa, ni sensación de agobio ni garbanzos con bechamel: Gritos, alegría y jolgorio en la sala. ¡Cage ha muerto! ¡El bodrio se acaba! ¡Al fin! El argumento es de risa desde el primer momento (una ex de Cage le dice que tienen una hija en común desde hace 14 años, así que Cage se va a una isla super-misteriosa-que-te-cagas a buscarla, ya que sale en sus sueños llenos de fantasmas), pero con una buena dirección la cosa podría salir adelante. El problema es que Neil LaBute, el director, no ha destacado nunca precisamente por su labor tras la cámara. Vaya, la persona cuyo mejor registro es Persiguiendo a Betty tampoco se pueda decir que sea un gran genio, pero es que en The wicker man perdió todo el sentido del ritmo, de la narración y de la dirección de actores. Quizá por ello sea que Nicolas Cage realiza el peor papel de su vida. Sí, amigos. Peor incluso que el de Ghost rider. Y ya es decir. Por cierto, al final me dormí en Sitges. Gracias a dios.

1-PSYCHO (PSICOSIS)

¡Chan chan chan chan! ¡Chan chan chan chan! ¡Chan chan chan chan! ¡Piruuuríi! ¡Piruuurí! (Letra popular)

Eh, chicos, tengo una gran idea. Vamos a coger Psicosis, la original, la buena, y a regrabarla plano por plano, de la misma manera a como la grabó Hitchcock, y a cobrar un pastón por tocarnos las pelotas desgastando el VHS de la película original. Si esto lo hago yo, es un plagio en toda regla, un cero como una catedral en clase y una recaudación penosa. Pero como lo ha hecho Gus Van Sant, entonces es una obra de metacine, una inteligente maniobra que esquiva el comercialismo y que debe ser valorada en su justa medida. Sí, claro. Y de paso, llevándose un par de cientos de miles de dólares al bolsillo por la ocurrencia. Lo siento mucho, pero no termino de comulgar con la idea de “el mejor remake es el que está grabado plano a plano respetando al original y sin aportar nada nuevo”, porque para esto me pongo la película antigua. Ni Anne Heche es Janet Leigh, ni la escena de la ducha está bien resuelta (ese Vincent Vaughn con peluca, desvelando la gran sorpresa de la película), ni los añadidos resultan necesarios (¿Norman Bates masturbándose servía REALMENTE para algo? ¿Dio algo más que asco?) y, en general, resulta el no-va-más de los remakes. Después de aquí, no se puede caer más bajo. Gus Van Sant, púdrete en el infierno. Vuelve a hacer un Indomable Will Hunting ya. So payaso.

¡Y mañana, el preestreno de lo nuevo de Clint Eastwood! ¡Nos desvivimos por ustedes!


Archive for December, 2008

El apartamento: Y Wilder subió a las alturas


No estaba muy desencaminado Fernando Trueba cuando dijo aquella mamarrachada de “Quisiera creer en dios para darle las gracias, pero sólo creo en Billy Wilder, así que gracias, mister Wilder”. Tengo la convicción de que una persona que quiere morir a los 104 años pillado en pleno acto con la joven esposa de un marido celoso merece, como poco, la canonización. Pero si además este hombre ha rodado y guionizado las joyas más irrefutables de la historia del cine, entonces es lo más cercano a Dios que tenemos en el séptimo arte. Perdición, Con faldas y a lo loco, El crepúsculo de los dioses, El gran carnaval, Testigo de cargo o La vida privada de Sherlock Holmes son películas que cualquier cinéfilo, aficionadillo, persona, animal o cosa debería haber visto para darse cuenta de que hay límites a los que un ser humano normal jamás podrá llegar. A la maestría tras la página en blanco y la cámara de Wilder. Hoy hablaremos de una de sus películas más redondas, de una comedia romántica que, sin aportar nada nuevo al género, lo revolucionó por completo. Con ustedes, El apartamento.

Sí, es cierto. Muchos dicen que, vista ahora, El apartamento resulta una película curiosa, de humor de sonrisilla, con un personaje patético que se nos hace entrañable poco a poco. ¿Pero es realmente así, o es una de esas –pocas- películas que gana con cada visionado? Solo puedo hablar por mi mismo y decir que, cuando la vi por primera vez, me enamoré por completo de C. C. Baxter, de Fran Kubelik, de la escena en que Baxter moquea, de la partida de cartas, del monólogo inicial y de la sutil historia de amor entre los protagonistas. Pero la segunda vez, me volvió loco su crítica social, su retrato de una época diferente, su pintura de unos personajes tan anónimos como mágicos. Y, cada vez que pongo el DVD en su bandeja (y fui de los que se compró la película en vetusto VHS) me asombro más y más ante la grandeza de Billy Wilder, ante las cientos de capas del filme, ante la capacidad de sorprenderme siempre con un nuevo matiz, algo de mi propia vida que veo, ahora sí, reflejado en El apartamento. Y eso es lo que hace a una obra maestra: Que nunca mires el reloj, ni toques el mando a distancia, ni juguetees con la caja de la película. Simplemente, disfrutes una y otra vez.

Para quien no lo sepa, la historia cuenta las andanzas de C. C. Baxter, un oficinista que deja su apartamento por las noches a los grandes ejecutivos para que estos puedan llevar a sus amantes. Baxter está completa y absolutamente enamorado de la ascensorista de su edificio, Fran, aunque nunca hayan intercambiado más de un par de frases. Cuando, en la fiesta de fin de año, Baxter consigue un ascenso a cambio de dejar las llaves del apartamento a su jefe, descubre que es Fran la chica que le acompaña, y una nueva faceta de él crece sin darse cuenta. El final, una oda al buen gusto por parte de Mr. Wilder.

La fuerza narrativa de El apartamento es impresionante, cada plano es capaz de transmitir miles de sensaciones en apenas un segundo. Por ejemplo, Baxter en el banco, resfriado, esperando a que su piso quede libre es, desde ya, una escena que merece entrar en los libros de historia del cine por su falsa simpleza y, a la vez, por todo lo que nos dice sobre el personaje: Es un ser patético, dispuesto a sacrificarse a sí mismo por un ascenso… o simplemente por su paupérrimo autoestima. Lo que millones de películas tratan de sugerir mediante complejos flashbacks, historias cogidas por los pelos y un montón de cosas fallidas, El apartamento lo logra con tan sólo un plano. Pero no es la narrativa lo más destacable en la obra.

Como tampoco lo son las actuaciones, a pesar de que Jack Lemmon haga uno de los grandes papeles de su vida (los otros serían el de alcohólico empedernido en Días de vino y rosas, el de El síndrome de China y, cómo no, de travestido contra su voluntad en Con faldas y a lo loco), de que Shirley MacLaine realice su interpretación más recordada (con el permiso de Irma la dulce) y de que el resto de los secundarios cumplan su función más que notablemente, sabiendo que el peso real de la película recae sobre la pareja de oro: Lemmon y MacLaine.

Lo más destacable de El apartamento, como en cualquier filme de Wilder, son sus chispeantes diálogos, llenos de fuerza, arrojo, garra e ironía como ningún otro ha demostrado tener en Hollywood nunca. Para muestra, el monólogo con que se inicia el filme, quizá el arranque más potente que he tenido oportunidad de ver junto con el “Creo en América” de El padrino y el “Elige la vida, elige un empleo” de Trainspotting. Quizá no tan conocido como estos dos anteriores pero, para mi gusto, tan impactante, el monólogo, en off, nos introduce a la perfección a un personaje tan patético como Baxter, una hormiguita en medio de ningún sitio, un ser que vive por vivir, sin nada que llame su atención. Atentos, pillen todos los detalles que Wilder deja esparcidos por el texto, y hagan la prueba. Después de leerlo, probablemente ya conozcan a Baxter como si fuera de la familia.

“1 de Enero de 1959. La población de Nueva York es de 8.042.783 habitantes. Si se pusieran tumbados en fila, con una altura media de 1’68 centímetros, la cadena iría desde Times Square hasta Karachi, en Pakistán. Conozco estos datos porque trabajo en una aseguradora, Consolidated Life. Somos una de las cinco mejores compañías del país. En nuestra central hay 31.259 empleados, más que toda la población de Natchez, Mississippi. Trabajo en el piso 19, departamento de pólizas ordinarias, división de contabilidad, sección W, mesa número 851. Me llamo C. C. Baxter. C de Calvin, C de Clifford. Pero me llaman Buddy. Llevo aquí tres años y diez meses, y mi paga neta es de 94’70 dólares semanales. En nuestro departamento, el horario es de 8:50 a 5:20. Cada piso tiene un horario para que 16 ascensores lleven a 31.259 empleados sin un serio embotellamiento. En cuando a mi, suelo quedarme en la oficina haciendo horas extras, sobre todo cuando hace mal tiempo”.

Magistral. Sublime. El apartamento empieza aquí y va hacia arriba, hasta el olimpo que muy pocos pueden tocar: El de las obras de arte que sobrepasan el estatus de película, el de un film tan belicista en su época (¿un oficinista que deja el piso a sus jefes para que practiquen adulterio? ¿En 1960? Si creéis que no es valiente, convendría un repaso a la historia, amigos) como agradable de ver hoy en día.

Me encanta esta sección de los lunes, de verdad. Da gusto ver que entre todo el mar de ponzoña que nos asola siempre nos quedará Billy Wilder. Que no será dios, pero espero que, ahora mismo, esté escribiendo un guión a cuatro manos con él. Y que sea cojonudo. Como no podía ser de otra manera con el gran maestro.

Mañana, acabamos con el top de remakes chungos.