El cine que estabas esperando

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El Rincón Literario presenta…High school musical: Poesía en movimiento


[Las primeras partes de este artículo son originales de El blog de Randy, pero está añadida la parte final -a partir de la foto del libro, para los que ya leyeron las partes anteriores. Está recopilado a modo de recordatorio y para quien lea esta maravilla de libro por primera vez]

Una pandemia zombie empieza siempre atacando a los que menos preparados están: Es por eso que les pilla de sorpresa y pueden ir atacando poco a poco a todos los que han jugado al Dead rising y saben cómo protegerse. ¿Alguien ha visto que los zombies ataquen primero al presidente de los EEUU o a George A. Romero? No. Los zombies van a por todos los paletos americanos, y una vez han ganado esa batalla, irán a por el resto. Es obvio, vaya. Si yo fuera un zombie atacaría antes a un portero de discoteca que a Stephen Hawking (minipunto a quien haya pensado en Stephen Hawking zombie escribiendo en su loquendo particular “Detrás de tí, imbésil”). Vale. Llegados a este punto estaréis pensando “¿Por qué cojones este tío se está haciendo el listillo contándonos chorradas sobre zombies en vez de hablar de libros en el Rincón Literario?”. Es obvio. Hoy hablaremos de High School Musical. Sí, lo siento por quien quería ver defenestrado aquí a Orwell y a Ray Bradbury, pero qué le vamos a hacer. Nobleza obliga. Todo comenzó atacando a los fans de la caja tonta. Sin comerlo ni beberlo, una peliculilla sobre tipos que cantan y bailan por cualquier mamarrachada (“Uh, tengo que jugar a baloncesto, yeah, encestar un triple, rock and roll, chupi”) atacó a millones de personas a lo largo del mundo. Su poder se hacía más y más fuerte, y los fans se multiplicaban por doquier. Tras la industria televisiva, llegó la industria de la música. Y la de la ropa (a destacar las camisetas repletas de rosa y de brillantina llevadas, principalmente, por niñas de diez años con evidente sobrepeso y en las que pone un sonoro “Troy & Gabriella Forever”. No sabéis el miedo que da hasta que se ve). Y la de la gastronomía (helados y galletas por doquier). Y la de los videojuegos. Y la del cine. Y, poco a poco, todo el mundo babea y realiza sonidos guturales que parecen querer decir “Jaiskulmiusicaaargh”. Por suerte, la industria de la literatura estaba a salvo… Hasta ahora. Preparaos para ver a Fernando Sánchez-Dragó contando las virtudes de High School Musical, para comprar toda la colección de libros en Círculo de Lectores, a ver a psicólogos hablando en televisión de lo mucho o poco que leer es beneficioso para los adolescentes. Y todo porque una casa editorial como Montena ha tenido la inteligencia suficiente como para editar la colección definitiva en castellano. Preparaos para regalar El señor de las moscas a vuestros perros para que orinen y defequen encima. Nada puede compararse con la calidad literaria de High school musical: Historias del East High: Poesía en movimiento. Un título tan largo no puede ser malo. Además, ¿no tenéis curiosidad por saber qué ocurre cuando las películas acaban? ¿No queréis saber más sobre el día a día de Troy, Gabriella, la chica mona de las gafas y un montón de secundarios que no le importan a nadie? ¡Al fin podéis gracias al poder de la literatura! Ahora, lo sabréis todo sobre las clases (de un curso indeterminado, eso sí), los problemas adolescentes estúpidos, las canciones intrascendentes y los poemas dedicados a croquetas y zapatos (sic). ¿Que no os interesa? ¡Mala suerte! ¡Haberlo pensado antes de entrar hoy!

No, si no hace falta

La cosa empieza con Zakefron (o Troy, o como se llame) reprimiendo un bostezo en clase, algo que hace que nos identifiquemos con el protagonista de inmediato. De hecho es un spoiler enorme de lo que vamos a sentir cuatro páginas más adelante. La cosa es que está en clase de literatura y el muchacho se ha zampado, atención, “dos batidos y un sandwich de pavo, una comida ideal para un atleta, pero un poco peligrosa para escuchar poesía del siglo dieciocho”. Peligrosísima, vamos. John McClane no se atreve a escuchar poesía después de comer pavo y de beber batidos. Que, por cierto, ¿tienen REALMENTE algo de beneficioso para un deportista? Quiero decir, ¿no sería más normal beber bebidas isotónicas y comer lechuga? Dos batidos son demasiados, vaya. Ni que no pesara el cuerpo después de beber sólo uno. En fin, Zakefron intenta despertarse por todos los medios posibles (esto es: pellizcándose en la mano. Euh, vale, supongo) y, justo antes de estar dormido del todo, recibe una poesía de la chica desnuda, Gabriella. Que además es su novia. Y como novia, le regala poesías de tanto amor como la siguiente. Preparad vuestros lacrimales.

¡Oh, Bolton, no te duermas!
mantente alerta, amigo
o la próxima cabezada,
¡la darás en el aula de castigo!
Poéticamente tuya,
Gabriella

Sí, vale. Amigo rima con castigo. Otra cosa es que la estructura sea la correcta para una poesía o que de ganas de otra cosa que no sea colgar a Gabriella de los ovarios –sí, con lo que tiene que doler- en lo alto de la bandera americana que ondea en la puerta del instituto. Supongo. En fin, Troy no puede reprimir una carcajada ante tal despropósito de poema y se mete en un lío con la profesora, que le pregunta, como todas las profesoras del universo, qué tiene de gracioso el poema. Por suerte, su colega Negroguay le salva diciendo que en vez de reírse, se estaba aclarando la garganta. Y cuela. Vaya instituto de mis narices. En fin, tras soltar la chorrada más grande del maldito universo (“¿Se da cuenta de cuánto transmite el poema?siguió diciendo Chad- Es como la publicidad subliminal o algo así”. Claro, Negroguay, claro. Buen intento o algo así), la trama comienza: La profesora, la señora Barrington, les manda un deber que sólo puede ser provocado por la droga dura. Escribir un poema es normal, a todos nos han mandado escribir un poema y todos hemos rimado “camión” con “Manolón”, pero, desde luego, a nadie antes que a los chicos de High School Musical les han obligado a leerlo delante de todo el instituto (“Leer los poemas propios es una experiencia crucial”. Hombre, crucial-crucial, qué queréis que os diga. No es como el primer beso o la primera vez que te descargas emepetreses de Internet, pero si lo dice la profesora con nombre de librería inglesa, nos lo creeremos). Sí, por si no fuera suficientemente humillante suspender por culpa de la falta de lírica, encima hay que hacerlo delante de todo el instituto en medio de una asamblea general. Ay, menos mal que estos chicos improvisan canciones de donde sea, que si no les veía suspendiendo y todo. Negroguay, el estudiante colega de Zakefron que sigue sin importarle a nadie, se niega a escribir poesía. Y es aquí donde encontramos un genuino trauma con copyright que ni siquiera entrará en continuidad. El “trauma con las mallas”. Preparaos para llorar con un pasado tan triste como falto de carisma. El trauma con las mallas.

Nada más salir al escenario, todos los chicos de su clase se partieron de risa al verlo. Chad había memorizado el poema de amor a la perfección. Además, quería impresionar a una chica llamada Rhonda. Pero cuando vio a todos sus compañeros en la primera fila en la primera fila riéndose, se olvidó de los versos y empezó tartamudear. Entonces se le cayó el sombrero, y cuando se agachó para agarrarlo se le abrieron los calzones. No fue su mejor día

No solo no tiene bastante con intentar impresionar a la novia de Rondo (¡Humor! ¡Humor!), sino que se ve degradado por haber hecho los deberes tan perfectamente como para sacar un sobresaliente. Maldita sensibilidad. Sensibilidad, ojo, no homosexual. No. El chico negro es un macho ultra-super-hetero. Juega a baloncesto y todo. No hay gays en High School Musical, proclamo. No es que tenga nada de malo, pero mejor en otros colegios sin canciones estupefacientes. En fin, para sumarle emoción al trauma de Negroguay –que todos sabemos que será solucionado con la ayuda de la amistad, lorelei lorelei-, resulta que si suspende no podrá volver a jugar a baloncesto. Venga, por qué no. Todos los jugadores de baloncesto deben tener aprobado como poco para seguir en los partidos. Sin duda, ahí tenemos a… eeeeh… bueno… ¡¡A todos esos deportistas que aprobaron en el instituto!! Seguro que hay un par por ahí y todo. Zakefron intenta buscar una solución al problema junto a la chica desnuda –mientras nos recuerdan cuánto se quieren y qué asco dan-, llegando a una interesante conclusión. Sólo Zakefron podría dar con algo así.

Gabriella asintió, llevándose el dedo a la barbilla.
-¿No será que tiene fobia poética?
Troy sonrió.
-Claro, doctora –dijo-. Entonces, ya que tiene un diagnóstico, ¿cuál es la cura?
-¿La cura?
-Sí, tipo: “Tómese dos rimas infantiles y vuelva a verme mañana”.
Gabriella se rió.

Espero que fuera una risa más en plan “Mi novio es idiota y voy a dejarle mañana mismo” que “Joder, es más gracioso que un episodio de How I met your mother entero, cuánto le quiero y le adoro. Voy a hacerme fotos desnuda para celebrarlo”, porque vive dios, qué chiste más horroroso. Entre tanto, los nervios de Negroguay se contagian a todo el equipo de baloncesto (¿Garrulos? ¡No, deportistas!) y todos empiezan a tener miedo y pavor por la poesía de las narices. Zakefron va corriendo a hablar con la señora Barrington, a ver si con un poco de suerte se da cuenta de que lo de la poesía es la gran estupidez definitiva. Pero no. Que si Negroguay es muy extrovertido y se lo pasó chachi piruli en la batalla musical del instituto (¿la qué?), que si tienen que aprender a desenvolverse, que si hago un guiño a High school musical, la primera peli, y hablo del musical en el que la chica desnuda y tú os besasteis, etcétera. Y, por si leer poemas delante de una asamblea escolar no fuera suficientemente vergonzoso, la profesora pedorra añade un plus de peligrosidad: La asamblea es en honor de un poeta de prestigio amigo suyo, Julius (sí, como el personaje de Grouñidos en el desierto) y ha prometido que le demostraría (en el libro pone, literal, “le he prometido demostrarle”, ideal para los talibanes de la gramática) lo bien que escriben poesía los alumnos. Finalmente habrá un ganador, cuya foto saldrá en el periódico local. Así, como para quitar presión. Zakefron se marcha escandalizado y Sharpay –la mala- ríe a lo malo de serie Z. Bwahahaha, el poder.

-Conseguiré que mi poema sea el ganador. Haré que mi nombre y mi foto salgan en el periódico. Mi poema se publicará. Y todos mis compañeros se morirán de envidia. ¡Ya estoy saboreando las mieles de la fama!

Hombre. Yo no quiero quitarle ganas a la chica, pero salir en un periódico local no está considerado como “fama”, al menos en mi pueblo. Coño, que hasta yo salí en su momento y nadie fue a decirme cuanto me envidiaba. En fin, de entre las sombras aparece la chica mona de las gafas, que es mona hasta en libro, con un tomo lleno de sonetos de Shakespeare bajo el brazo (¡Sutilidad! ¡Sutilidad! ¡Adivinen quién va a ganar, o, por lo menos, quién debería hacerlo!) y reta a Sharpay (“una linea que dijera “autora de un poema publicado” quedaría de maravilla en las solicitudes que pensaba enviar a las universidades más prestigiosas del país”. Bueno, más de maravilla quedaría “autora de un libro publicado” o “creadora de la vacuna contra el SIDA”, pero tiene un pase). Chan. Chan. Emoción.

En el instituto, el horror por el poema de las narices crece desmesuradamente. Zakefron no sabe muy bien qué hacer, e intenta animarles recordando que si no aprueban, no pueden estar en el equipo de baloncesto. Sí, Zakefron tiene maneras muy raras de animar a la gente. Todos se ponen de acuerdo en que eso es lo peor que les puede pasar (¿Cáncer? ¿Ser unos solitarios marginales toda la vida? Naderías comparadas con el hecho de que te echen de un equipo de baloncesto), y finalmente aceptan que la Chica desnuda les ayude. Que para algo saca sobresaliente en todo (¿personajes estereotipados? ¿Dónde, en High school musical? No sé, ¿dónde?). Así, tras rechazar que les vean en público con la Chica desnuda leyendo poesía –normal, yo también me escondería-, finalmente quedan en su casa. Por la noche. Muchos chicos y una chica. A mí me suena a lo que me suena. Grrrr. En fin, Zakefron y sus amigos empiezan la clase, que no tiene desperdicio. En primer lugar, la Chica desnuda les hace imaginar que están en un bosque, y tienen que decir lo que ven. Típica chorrada de clase de relajación en la que todos nos inventábamos cosas para parecer más interesantes (“Y veo un árbol con, uh, hojas de oro y un manantial de…eh…zumo de grosella. Eso, sí”), pero que aquí no funciona como debería. Negroguay ve bichos y serpientes, Zeke ve más bichos, Zakefron una babosa y Jason (¿Voorhees?) una mantis comiéndose una hormiga. ¿Queréis ver qué clase de poemas han realizado nuestros muchachos con semejantes delirios poéticos? ¿No? ¡Mala suerte!

-La babosa dejó un rastro plateado por la hoja del árbol
-Sigue-dijo Gabriella
-Solo he escrito eso-respondió Troy-. No se me ocurría ninguna palabra que rimara con “árbol”.
Gabriella frunció el ceño. Efectivamente, Troy había terminado el verso en una palabra que no tenía rima.
Menuda puntería.
-Está bien, Troy. Los poemas no siempre tienen que rimar-dijo, intentando mantenerse positiva.
Miró entonces a Jason y le pidió que leyera su poema.
Él asintió y comenzó a leer:
-La mantis religiosa se comió a la hormiga/¡Y ella que pensaba que serían amigas!/Pero la pobre hormiguita le supo a poco/Y la mantis tuvo que comerse los m…
-¡Bueno, basta, para!-gritó Gabriella, estremeciéndose. Entonces, se aclaró la garganta-¿Qué has escrito tú, Zeke?
-Bichillo asqueroso de veinte patitas/Si te ve mi hermana, fijo que vom…
Vaya, pensó Gabriella. Esto va a peor

¿Peor que un poema que ni siquiera tiene una rima? Pueden ser poemas con la calidad literaria de un sandwich, pero por lo menos lo han intentado, coño. ¿Qué clase de profesora no va alumno por alumno resaltando las virtudes y criticando los defectos? La Chica desnuda sólo se estremece. Oyx, vómitos y mocos. Cómo son los chicos. Ay, voy a quitarme el sujetador y las braguitas. En fin, Negroguay, en vez de escribir un poema, se pone a hablar de baloncesto (monotemático el muchacho) y Zakefron le corta (después de aportar su parte baloncestística, claro, que para algo es un macho alfa deportista) y desvela que ya ha empezado su poema. Uno se pregunta qué demonios hace entonces en clase de poesía, pero eso forma parte ya de la imaginación de cada cual. Cuando todos le preguntan de qué va, Zakefron gira la mirada y se pone colorado, diciendo que aun no lo quiere decir. Uy, qué inesperado. De qué irá. Seguro que ninguno de nosotros se lo espera (eh, conste que este libro da algún giro inesperado. O todo lo inesperado que puede ser que el poema no vaya realmente de la Chica desnuda). De pronto, alguien llama a la puerta.

-¡Rápido, esconderse!-gritó Chad-¡Que viene la prensa!

Sí, a sacarte fotos a ti, no te jode. Por si no fuera poco que te expreses tan jodidamente mal (¿”Esconderse”? ¿Y dices que vas a suspender lengua? No me lo puedo de creer), ahora vas con ínfulas de grandeza, Negroguay. Vamos, el Pronto y la Interviú están a la puerta de casa de la Chica desnuda esperando sacar fotos tuyas leyendo un poema que no has podido hacer por inútil. Seguro que sí. Seguro que no tienen cosas más importantes que hacer, como fotografiar en pelotas a alguna concursante de Gran hermano. En fin, la persona que estaba en la puerta es la chica mona de las gafitas, que ha decidido ayudarles. Ay, si es que es todo encanto. Además, descubrimos que es la presidenta del club de química y la capitana del equipo de decatlón (matemático, supongo). Ay, qué nerd. Seguro que le gusta The big bang theory. La cosa es que nada más llegar se pone a despotricar contra todas las poesías. Normal, por otra parte. ¿Cómo no reírse de la rima –sí, se supone que es una rima. De hecho lo dejan bien claro en el libro. Si la encontráis, dos mil euros son para vosotros- “Serpiente, serpiente, ¿eres de verdad? ¿Tus colmillos son venenosos o son de plástico?”. Cualquier lo haría, demonios. Claro, que las clases de la muchacha tampoco es que sean un portento precisamente. A mí me dejarían más liado que agradecido.

-¡Chicos, estoy hablando en serio! ¡Y no me refiero a ese tipo de pies! El tipo de pie del que hablo también se llama yambo, que es un pie formado por dos sílabas, una átona y una tónica. Juntando cinco pies se obtiene un pentámetro yámbico…
Jason se tapó las orejas con las manos.
-Me va a explotar la cabeza-protestó.
-Creo que nos vendría bien un ejemplo-dijo Zeke.
-Claro-dijo Taylor-Imagínate que ta-TÚN es un pie o yambo. Entonces, ta-TÚN, ta-TÚN, ta-TÚN, ta-TÚN, ta-TÚN, sería un verso en forma de pentámetro yámbico. O sea, un ta-TÚN repetido cinco veces. ¿Lo captas ahora?
-¡Sí!-gritó Zeke.
Troy asintió entusiasmado.
-¿Ya lo entiendes?-preguntó.
-La verdad es que no-contestó Zeke.
-Yo tampoco-dijo Jason.
-Sí, Taylor, creo que ahora mismo nos sentimos todos un poco ton-TÚN-dijo Chad.

Ah, el humor. Ton-TÚN. Creo que voy a comer a-TÚN en Jar-TÚN en vez de prestar atención a la clase de la chica de gafitas. Por cierto, ¿no le enseñaron al escritor del libro que hay otras maneras de decir que alguien dice algo que “dijo” y “gritó”? Más que nada porque me cuesta imaginarme a Zeke con los ojos desatados gritando “¡Sí!” (que, total, uno no entiende para que lo dice si dos líneas después dice que no ha entendido ni papa). Por cierto, yo tampoco sé a qué demonios se refiere la chica de las gafitas. Pero tampoco he sido muy poético. Mi mayor éxito poético trataba de dos astronautas que iban a la luna y allí encontraban una bonita duna. No les digo más. Ni Ta-TÚN ni leches. En fin, la chica de las gafitas les lee bellos poemas y todos ellos se quedan boquiabiertos. Wow, así que eso es un poema. Hacer versos que rimen. Joder, ahora lo tenemos mucho más claro, a dónde vamos a parar. Total, que la chica lee un poema de amor y Zakefron mira a la Chica desnuda, que se pregunta si es eso lo que él siente por ella (¿tú que crees? ¿Salís juntos o no? ¿Os queréis? Dos dedos de frente, coño, no pido más). La chica de las gafitas comenta que para tener éxito hay que hablar sobre cosas cotidianas y oye, misión cumplida. Los burros jugadores de baloncesto ya tienen ganas de escribir. No ha sido difícil, la verdad. Bastaba con coger un libro de poesía, leerles cuatro cosas y decir que no es difícil. Influenciables, los muchachos.

Zakefron se despide de su novia sin un besito de buenas noches ni nada, simplemente diciendo que su poema es sobre algo muy importante para él (¿sobre qué será?) y tropezándose en las escaleras. Ah, el amor duele. La chica desnuda se estira en el sofá, dios sabe para hacer qué cosas (dios y todo el mundo, vaya) y se encuentra con el cuaderno de Zakefron. Como quien no quiere la cosa, se le cae al suelo (venga, sí. Todos hemos hecho eso de “¡Se me cayó al suelo y no pude evitar leerlo!”. No cuela) y empieza a leer lo que su noviete había escrito. Y hay que decir una cosa. Primero, que el estilo es, digamos, mejorable. Segundo, que he visto pocas cagadas mayores. Te la has cargado, Zakefron.

Cuando estoy contigo, late más mi corazón
los momentos a tu lado son pura emoción
desde que te tengo eres mi alegría
quiero estar contigo de noche y de día…
Gabriella sonrió. Tampoco es que fuera Shakespeare, pero era muy tierno. Entonces miró el título del poema, y sintió que el corazón se le helaba.
Ariel, por Troy Bolton
Gabriella miró la hoja con incredulidad, pero no había posibilidad de error. El negro trazo del lápiz era firme y claro. Miró otra hoja y vio otra estrofa del poema. Sus sospechas se confirmaron.
Cuando estoy triste y cansado
y el mundo parece cruel
salgo contigo y me olvido
¡Tú me haces volar, Ariel!

Uy, madre. Zakefron es gilipollas y la Chica desnuda celosa. Vaya combinación más exitosa. Por supuesto, ella no piensa ni por un momento que Ariel pueda ser un seudónimo cariñoso. Nah. Seguro que es otra chica que ha salido de la nada y que ha conquistado a Zakefron porque sí. Es lo que tiene más sentido.

Corte dramático, para que reflexionemos sobre el amor y las desgracias relacionadas con Ariel. Y es que en el otro extremo de la ciudad, Sharpay intenta representar su poesía de mala manera, pero sigue sin encontrar el vestido i-de-al para la representación en sí. Y ya se sabe que sin vestidos bonitos, la poesía no es lo mismo. Ahí tenéis a Gloria Fuertes, que si no encontraba un vestido escotado no se atrevía a leer La gata Chundarata. Mientras su hermano y ella discuten por el vestido que va a llevar Sharpay, se nos revela la poesía que la muchacha está preparando. De momento la dejaremos reposar, sólo diré que rima “estilos” con “cocodrilo”. Hasta yo lo hacía mejor con las dunas y la luna, maldita sea. Dejemos a los chicos discutiendo sobre chorradas y vamos a por Zakefron, que, por lo visto, no puede dormir.

Y no porque esté acostándose con Ariel, no, sino porque opina que su poema no es lo suficientemente bueno (¿cómo ha podido pensar eso?) y se ha decidido a escribir uno completamente nuevo sobre las cosas de su alrededor: Gofres (un tema muy poético, sí señor), nubes (por curiosidad, ¿sabe este chico que también puede hablar sobre amor y esas cosas?) y el timbre de la escuela (lo juro. Zakefron no sabe cuándo parar de hacer el ridículo). Mientras el protagonista sigue con sus estupieces, Sharpay decide hacerse un favor a sí misma y dejar que su poema lo realice otra persona. Y este es el momento en el que admito mi error. ¿Os acordais que os dije que la chica que ayudaba en los poemas a Gabriella era la chica mona de las gafas? ¿Y que era la gran rival de Sharpay? Vale, pues no. Equivocación de nombres. Esa chica era una negra secundaria. La chica mona de las gafas es la que ahora le va a hacer el poema a Sharpay sin motivo aparente (vale, aun no, pero se lo hará) y la negra secundaria su rival. Sigamos. Y es que, en la mesa de los jugadores de baloncesto, comienza el festival de la poesía. En su afán por parecer más inteligentes de lo que realmente son, deciden hacer un poema de lo primero que pillan. Y, atención, porque aquí llega, amigos. El gran momento definitorio de High school musical: Poesía en movimiento. Preparaos. Vuestro mundo no volverá a ser igual.

-Aquí está esta preciosa croqueta. ¿A que me invento un poema con sólo mirarla, sobre la marcha?
Chad soltó una risotada
-¿A que no?
Zeke se levantó. Sosteniendo la croqueta, la colocó directamente bajo la luz que entraba por el ventanal del comedor. Los chicos de las mesas vecinas lo vieron y se pusieron a escuchar mientras Zeke recitaba:
Extraña croqueta de sabor repleta
tu olor me seduce, tu interior me inquieta;
dorada y crujiente, es larga la lista
de dones que colman gusto, olfato y vista.
Mirarte quisiera poder sin descanso
pues tus bellas formas son como un remanso
de paz y sosiego, y mientras te miro
de mi boca escapan ahogados suspiros.

Todos los de la mesa aplaudieron, y Zeke saludó al público.

¿Y dices que te has inventado el poema sobre la marcha? No puedo creerlo. Viendo su gran calidad artística, no puedo, simplemente. De verdad, imaginaos por un momento a un tío de pie en una mesa, con una croqueta en la mano, en alto, diciendo esta sarta de estupideces. Llevarle al manicomio es, más que un favor, una obligación para el buen funcionamiento de la sociedad. Y los versos. Oh, los versos. ¿Qué clase de inquietud puede suponer el interior de una croqueta? Curiosidad si eres idiota y no sabes de qué está hecha, pero ¿INQUIETUD? ¿No duermes por la noche pensando en la croqueta, o es que el olor te ha seducido definitivamente? ¿No podía haber elegido mejor sus palabras? Y, ya que estamos, ¿qué clase de don tiene una croqueta para la VISTA? Huele bien, sabe bien, pero es un maldito óvalo marrón. ¿Por qué demonios Zeke quiere mirarla sin descanso? ¿Alguien se toma como lugar espiritual un sitio repleto de croquetas? ¿Quién encuentra paz y sosiego en una CROQUETA, por el amor de dios? Mi teoría es que lo llevaba hecho de casa y dice que es improvisado para quedar bien. Pero es que el poema de la croqueta inspira a los chavales deportistas, y los poemas resultantes no pueden ser más horrorosos. En serio.

Cuando me siento estresado
bajo aquí a echar un bocado
pues a mí me tranquilizan
tantas cosas… comedizas

Euh, sí, vale. Comedizas. La cosa es que, salvando la palabra, me parece bastante mejor que el poema de la croqueta. Por lo menos no se inventa paradojas visuales o suspiros absurdos. Total, que medio instituto empieza a hacer poemas sobre cosas cotidianas y Martha Cox, una secundaria que andaba por ahí, decide volver a lo antiguo. A ver, esto es High school musical, ¿no? ¿Y qué sería de High school musical sin sus fabulosas canciones? Y, sobre todo, ¿cómo se puede traspasar una canción al papel? Simplemente, no haciéndolo. Atentos. Dejad que vuestra imaginación vuele, e imaginaos el percal.

-Tu atenta-dijo Martha. Saltó de su silla y empezó a cantar.
El sol es la estrella que emite calor
y nos ilumina con su resplandor
de cerca a más lejos voy a enumerar
los planetas de este sistema solar
empezando siempre desde el interior
desde el que recibe los rayos mejor.
Algunos chicos que había cerca de Martha la oyeron rapear. Se contagiaron de su ritmo, se levantaron de un salto y se pusieron a dar palmas y a bailar. Martha hizo algunos movimientos de hip-hop. Seguía inspirada haciendo rimas, y pronto empezaron a unirse más chicos a la fiesta…
Vamos con Mercurio, pues es el primero
y el que más se arrima porque es friolero;
Venus, que es más grande, pasa más calor
y no necesita usar radiador;
a Venus le sigue de cerca la Tierra,
que aquí, entre nosotros, es la más gamberra

Os podéis hacer una idea. Tiembla, Nach. Ahora ya sabes por qué se retiró Porta, escuchó a Martha Secundaria. La lástima es que las rimas sean demasiado improvisados. O sea, calor y radiador pegan menos que el feo de los Calatrava y Natalie Portman, auque la palma se la lleve la rima de la Tierra. La única rima más horrorosa que “la tierra es la más gamberra” sería aquella de Las niñas. Ya saben. Que la guerra es mu perra. Ole. En fin, Martha termina su rap con movimientos de hip-hop (¿El hip-hop no era un modo de vida y no una clase de movimientos? Que alguien me lo explique) y todos aplauden, incluyendo los chicos deportistas. Todos excepto Sharpay, que sigue enfadada con el mundo porque no es una buena poetisa. Así que va a pedir ayuda a la chica adorable de las gafas, que acepta ayudarle a escribir el poema a cambio de que cante para una residencia de ancianos al completo (ay, si es que es adorable hasta para pedir favores). Sharpay acepta a regañadientes, con el único –y malvado- objetivo de ver su foto en el periódico. Mientras, Zakefron va a ver a la Chica desnuda, que le devuelve su cuaderno a regañadientes. Ambos se dan cuenta de que algo falla entre ellos, pero no se dicen nada. Más que nada porque si ella dice algo, Zakefron se va a dar cuenta de que invadió su intimidad. Y si Zakefron le pregunta qué le pasa… Oh, venga ya. Es Zakefron. Sólo saca pifias en las tiradas de iniciativa. Así, la Chica desnuda llega a la conclusión de que su novio está loco por otra chica, y no hace falta ni preguntarle. Muy bien, Chica desnuda. Así se hace. Deduciendo cosas sin pensar.

¿Qué? ¿Que miran? Esta no es mi tarta de cumpleaños, lo juro. Ejem.

Zakefron, pasando de líos amorosos, va a hablar con el equipo de baloncesto, al que no se le ocurre ninguna idea. Es lo que tiene tener el cerebro de una piedra, vaya. Jason, otro de los secundarios, empieza a jugar con la pelota de baloncesto y, por alguna razón, mientras bota hace rimas sin querer (o todo lo rima que pueda ser “Siempre que rimo me desanimo”, vaya). Martha Secundaria le anima a seguir botando la pelota y enseguida le salen las rimas como la espuma. “En casa y en el insti parezco normal, pero cuando juego, ¡soy un animal!”. Er, bueno. Vale. Total, que, finalmente, comprenden que tienen que hablar sobre algo que les gusta en la poesía y deciden interpretar el poema mientras se pasan el balón, recitando una estrofa cada uno. Lo que no se haga en este instituto, en ningún lado, oigan. Martha Secundaria decide ayudarles porque sí y empieza el camino hacia la representación final. Por otro lado, la Chica desnuda realiza un poema sobre Troy y el dolor que siente al pensar que está con una sirenita y la chica adorable de gafas termina entendiéndose con Sharpay y continúan el poema sobre sus zapatos. Ya estamos listos todos.

Negroguay quiere tirarse a la Chica desnuda, pero algo me dice que no lo conseguirá

El día ha llegado. Todos están preparados y más que listos para recitar sus fabulosas obras maestras, dejando que los versos fluyan en el ambiente. La mayoría de los chicos hablaban sobre los temas comunes de los poemas. ¿Amor, decís? ¿Lucha contra el sistema? Ay, pero qué poco sabéis de poesía. “Mascotas, paisajes, arcoiris, un gorrión gorjeando y cosas por el estilo” son los temas en los que se ha basado la poesía a lo largo de los años. Becquer y Machado tienen enormes libros dedicados exclusivamente a gorriones gorjeando. Y no me hagáis hablar de la fabulosa “Arcoiris, oh, arcoiris” de Miguel Hernández, que me entra llorera y todo. Comienza Taylor, la chica que les ayudó durante todo el tiempo, recitando un poema titulado Aquí está la tormenta de hielo. Debido a su enorme calidad, el libro no es capaz de reproducirlo, pero sí de captar su esencia.

El poema contenía una larga serie de metáforas complicadas, algunas sobre la geometría de los copos de nieve y otras sobre la “grávida masa” de carámbanos que se formaba durante la gélida noche.
Taylor estaba evocando imágenes interesantes

Interesantísimas, vamos. La de metáforas que se pueden sacar hablando sobre la geometría de los copos de nieves (son, uh, redondos, y… ¿redondos?) y la grávida masa de carámbanos. Se ve que en América por las noches se crean carámbanos gigantescos y en el resto del mundo una simple escarcha. En fin, todos aplauden a Aquí está la tormenta de hielo y llega la hora de la Chica desnuda, que se dedica a insultar a Zakefron con su poema Sinceridad. Toma ya. Empieza fuerte, la muchacha. Os podéis imaginar el poema en cuestión: Que si eres un cabronazo, maldito hijo de puta, etcétera. Pero a lo High School musical, claro. “Es una sombra la traición que empaña la pureza” y chorradas por el estilo. Gabriella empieza a llorar (es lo que tiene ser una cursi, que lloras por pamemadas como esta) y el público queda en silencio debido a lo impresionante del poema (o a que se han dormido, una de dos). Después, todos aplauden en la típica escena peliculera. Y llegamos a los dos últimos poemas, amigos, escritos en forma de renga (o sea, un poema en el que participa más de un autor. High school musical enseña, High school musical entretiene). Las primeras serán la adorable chica de gafitas y la idiota malosa de Sharpay. Este es un poema digno de ser analizado. Por favor, señores. Papel y boli. Esto no lo olvidaran tan facilmente.

Sharpay dio una patada al aire y dijo con voz atronadora:
Los zapatos me fascinan
los hay de muchos estilos
botas altas, bailarinas,
¡de charol y cocodrilo!
Luego se oyó la vocecita de Kelsi:
Con mis botas bien calzadas
no siento los elementos
lluvia, nieve, granizada,
piso sin más miramientos
Sharpay hizo unos cuantos pasos de baile y cantó con voz suave:
Punta, tacón, vuelta y paso
sobre tarima o parqué
bailo siempre sin descanso
salsa, jazz, tango y claqué.
Kelsi volvió a hablar:
Con mis suelas resistentes
voy con paso militar;
parques, calles, plazas, puentes,
están hechas para andar.
Las chicas continuaron alternando estrofas hasta llegar a la última.
Nuestros pies siempre nos llevan/donde debemos estar-recitó Sharpay
Ellos siguen tu destino/déjalos siempre guiar-concluyó Kelsi.

Guau, impresionante. Y a esto se le ha dedicado una subtrama durante todo el libro. A la chica adorable y a la mala haciendo un poema sobre zapatos con las rimas más forzadas de la historia (Resistentes/Puentes, calzadas/granizada, llevan/destino –ahí se les acabó la máquina de hacer rimas consonantes-). Y, total, todo para terminar en una bella reflexión sobre los pies, el destino y chorradas semejantes. Por supuesto, el público aplaude porque debe estar pagado (supongo). Lo que me extraña es que no se descojonara después de la patada al aire de la mala justo antes de empezar a recitar. ¿Quién se cree? ¿Angus Young? En fin, ambas hacen el “gran final” (consistente en hacer una reverencia lenta y teatral. Qué grande, sí) y llega el momento de dejar paso a Zakefron, Negroguay y tres secundarios que a nadie importan. Su poema, Poesía en movimiento (¡anda, como el título del libro! ¡Adivinen cuál ganará!) sobre el baloncesto, es demasiado largo como para reproducirlo aquí (¡Cinco páginas de chorradas!), así que nos dedicaremos a subrayar sus mejores partes. Oro puro, ya os digo.

En casa y el insti parezco normal
pero cuando juego, ¡soy un animal!
finto, corro y salto sin tocar el suelo
si me ves de lejos, ¡parece que vuelo!

Perdona, pero dudo que parezcas normal si rimas suelo con vuelo. Con perdón, eh. Pero dudo que parezca nada de eso por muy metafórico que sea. Que igual es eso, tú. Que no pillo las sutilezas.

Mi gran afición es la repostería,
pero si eres listo de mi no te rías

¿Por qué iba a hacerlo? Me encantan los pasteles y es un trabajo realista, no como el de jugador profesional de la NBA. Felicidades, tipo. Tienes los pies en el suelo.

Caliento la cancha más fuerte que un horno
¡de los contrincantes yo soy el bochorno!

…Eso, dedícate a hacer pasteles, anda.

Pues bien, no confundas estas dos facetas
¡está el Chad payaso y está el Chad atleta!

El que no está, desde luego, es el Chad poeta o el Chad que se esfuerza a la hora de hacer rimas. Porque manda cojones. Por cierto, tened en cuenta que todas estas fabulosas rimas las hacen con una pelota de baloncesto en las manos, con lo que el ridículo debe ser cuarenta veces mayor del habitual. Pero no importa, porque está el Chad payaso y el Chad atleta. El Chad inteligente se ha quedado a tomar té en su casa. Pero atención, que le toca a Zakefron. Escuchemos sus afiladas palabras.

Aunque del equipo soy el capitán
antes del partido tiemblo como un flan
mi equipo y yo juntos somos legendarios
¡por ser implacables con los adversarios!

Dirás lo que quieras, Zakefron, pero si estás como un flan malamente vas a machacar a tus adversarios. Y por mucho que digas que tu equipo y tú (uy, tenemos aquí a alguien con el síndrome Oliver Atton) les pegáis palizas a los contrincantes, dudo mucho que un equipo de secundaria alta sea famoso por algo más que por sus animadoras. Sinceramente. Si fueráis buenos, ya os habrían llamado para ser los nuevos Michael Jordans. Demonios, si ni siquiera eres alto, Zakefron. Deja de mentir, por el amor de dios.

En fin, acaban, todo el mundo aplaude con locura. Según el libro, el público silbaba, gritaba, jaleaba y daba palmas. Vamos, que parecía más un concierto de Hannah Montana que un recital de poesía. Joder, así va todo en los colegios públicos de hoy en día. Si es que les dejan hacer lo que quieran. Llega el momento de los premios y podemos ver como Aquí está la tormenta de hielo, el poema de las metáforas geométricas de los copos de nieve, se lleva una mención honorífica (ya sabéis: El premio más horroroso del universo. Ni has ganado ni has perdido, pero lo has intentado tanto que les sabe mal no darte un trofeíto de tres al cuarto), Paso a paso, el poema de los zapatos, se lleva el tercer premio (ya debían de ser malas las metáforas de los carámbanos para que esa cosa les superara, madre mía), Sinceridad, de la Chica desnuda, se lleva el segundo premio (“Gabriella estaba atónica, no sólo por haber quedado segunda, sino por el hecho de que Troy aun no había leído el poema sobre su ligue, Ariel”. Alguien debería enseñar al traductor las formas verbales. Si empiezas en pasado –“estaba”– luego sigue en pasado, demonios. “Hubiera”. Tampoco es tan difícil, digo yo) y, atención, qué gran sorpresa, el primer premio lo dirá el gran poeta Julius Ibsen, ese que les iba a publicar en el periódico local.

-¡Qué grande eres, Dibs!-gritó alguien desde el fondo de la sala.
Julius Ibsen sonrió.
-Vaya, veo que alguien me ha reconocido-dijo riendo-. Bueno, supongo que no pasa nada. Julius Donald Ibsen no es el único nombre con el que firmo. Muchos me conocen mejor por el nombre que uso la industria discográfica: MC Dibs.
Los chicos del público empezaron a aplaudir y a gritar. La mayoría de ellos eran fans de los discos de hip-hop escritos y producidos por el hombre que se encontraba frente a ellos.

Hala, poeta y rapero. Supéralo si puedes, realidad. ¿Tocaba Pablo Neruda la guitarra eléctrica? ¿Y Quevedo hacía conciertos de pop junto a Amaia Montero? Malditos fracasados… Por cierto, por si el premio de salir el periódico local fuera poco (que sí, que es poco), MC Dibs decide utilizar su letra en el próximo álbum que produzca. Y el premio es para…¡Zakefron y sus absurdos compañeros! ¡Toma ya! ¡Qué inesperado! En el momento de la foto, Negroguay sube a Martha Secundaria y se hacen la foto de rigor. Hablan con los perdedores (guau, vuestro poema sí que estaba vivo, no como el mío. Oh, soy una fracasada sin remedio, ja, ja) y la Chica desnuda se enfrenta al fin a Zakefron. A ver, majete, ¿quién es la Ariel esa, que la arreo un bolsazo?

-¡No lo entiendes!
-¿Qué es lo que no entiendo, Troy?-le espetó ella
-¡Ariel no es una chica!-gritó-¡Ariel es el nombre del monopatín que tenía cuando iba a sexto!

Maldición, todos nos habíamos dado cuenta de que se trataba de una cosa completamente diferente, pero de ahí a que sea un monopatín va un trecho bastante grande. Aun no conozco a nadie que le dedique poemas a monopatines con diecisiete años. Pero vamos, que tiene delito Zakefron. Mucho delito. Aunque sea por dignidad, dile que le estás engañando con una tal Ariel y luego ve a abrazar a tu monopatín si quieres. Por suerte, Troy le escribió un poema a la Chica desnuda y todo se arregla (“Los dúos se han hecho para ser cantados/por almas sinceras de enamorados”). Qué bonito. Los dos se cogen de la mano y se alejan. Hala. Fin. Aléjense por donde han venido, que voy a quemar el libro. Seguro que salen bocanadas de humo tóxico, así que procuren no aspirar aunque huela a croqueta.

Al final, un aviso. El próximo libro de High school musical tratará de las clases preparatorias para la universidad. ¿Os lo vais a perder? ¡Sí, maldita sea! ¡Sin duda alguna!

Mañana, si habéis acabado de leer, los estrenos de la semana.